—¿Roy? —digo con la voz en un hilo. —¿Te ibas a ir sin mí, futura esposa? Sigue caminando y no te detengas —me advierte él mientras rodea su brazo en mi cuello. Ambos caminamos de prisa, sin mirar atrás. —¿Qué haces aquí? —Vine a asegurarme de que llegues bien. No mires a los lados, mantén la mirada baja. Nos están vigilando. —¿Qué? ¿Quiénes? —Los del clan. Hace mucho te vigilan y saben que tienes información importante. Pero estaban esperando a que fueras trasladada a la mansión del gobernador. Allí la jefa te sacaría información. —¿Te refieres a Abbie Zervas? —Sí. Esa maldita tenía infiltrados entre nosotros y descubrió que yo te colaba información, esa fue la razón de perderme un tiempo. Entremos aquí —me dirige a un café. —No puedo. Mis mucamas me esperan en el parque. —No te

