Cinco días atrás... Aquella mujer Ella se perfuma el cuerpo como todos los días, asimismo, se esmera en su figura. Si bien está obsesionada con ganarse el amor del amo y, todo aquello empezó debido a ese amor que ella pregona por él, la verdad es que ya disfrutaba mucho aquellos encuentros y su cuerpo ansioso era evidencia de eso. Una vez lista, su mucama de confianza —una que contrató por su cuenta porque no confía del todo, en las dos que les fueron asignadas—, toma el bolso de la rubia y la acompaña en su salida. Esta era la única que sabía lo que hacía su ama cada vez que salía de la mansión. —Hoy iremos a la mansión de los Zervas, primero —le informa al hombre que guía el caballo. Ella sabe que este no hablará sobre el destino que suele tomar, puesto que fue puesto por la señora Z

