El juicio del Alfa

384 Palabras
Noah observaba desde la vereda cómo Magui y Davis se alejaban, hasta que doblaron en dirección a la pequeña casa junto al bosque. Se quedó unos segundos inmóvil, la sonrisa ladeada pero los ojos cargados de pensamientos. Sabía que no era buena idea acercarse tanto… y aun así lo había hecho. Había algo en esa mujer que lo inquietaba. Algo en el niño que lo confundía. Un crujido en la sombra de los árboles lo hizo girar. Zack estaba allí. Alto, imponente, con los brazos cruzados sobre el pecho y el azul de sus ojos clavado como cuchillas. —¿Qué estabas haciendo? —preguntó, con voz baja, pero cargada de autoridad. Noah arqueó una ceja, sin perder su tono ligero. —Dando la bienvenida a la nueva vecina. ¿Desde cuándo está prohibido ser hospitalario? Zack dio un paso adelante. Su sola presencia era intimidante, el aire alrededor parecía volverse más denso. —No necesitamos hospitalidad con los forasteros. No pertenecen a nuestro mundo. —Tal vez —replicó Noah, con una sonrisa apenas irónica—. Pero ella no es como los demás. Los ojos de Zack destellaron, un reflejo frío como el hielo. —Es humana. Y los humanos traen problemas. Siempre. Noah sostuvo su mirada unos segundos. Era raro que desafiara abiertamente a su alfa, pero esta vez no retrocedió. —El niño… sus ojos cambiaron frente a mí. No era casual. No era normal. Zack frunció el ceño. —¿Lobo? —No —negó Noah—. No tiene el aura de los nuestros. Pero tampoco es solo humano. Un silencio pesado se extendió entre ambos. El viento agitó las ramas, y un aullido lejano pareció contestar desde la montaña. Zack se giró hacia el bosque, la mandíbula tensa. —Mantente alejado de ellos. —Su voz era una orden, sin espacio a discusión—. Si son un peligro, los sacaré de Mount Rainer. Noah respiró hondo, reprimiendo una respuesta mordaz. —Y si no lo son… —murmuró apenas, mirando en la dirección en la que Magui había desaparecido— …entonces tal vez sean justo lo que este lugar necesita. Zack no respondió. Su figura se perdió entre los árboles, dejando tras de sí la sensación de que la luna misma se había vuelto más fría.
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