Saskia negó con la cabeza, sus pensamientos confusos se desbordaron en un torbellino de negación y desesperación. No podía creer lo que los paramédicos decían, se negaba a aceptar esa sentencia fría y vacía. Max no podía estar muerto. Su cuerpo todavía estaba caliente bajo sus manos temblorosas, lo que significaba que aún quedaba una chispa de vida. Algo en su interior gritaba que no era el final, que no podía serlo. Sin vacilar, se lanzó sobre el pecho inerte de Max, comenzando desesperadamente a darle RCP por su cuenta, cada compresión en su torso era un intento desesperado de revivir lo que más amaba en el mundo. Sus manos pequeñas y delicadas, manchadas de sangre, empujaban con toda la fuerza que le quedaba, pero sentía cómo esa fuerza la abandonaba, al igual que la vida de Max parec

