La peligrosa sonrisa de Fabio que siempre me encantó estaba ahí, invadiendo su rostro, sentí que iba a desfallecer. Él se detuvo a mitad de la habitación y volteó a mirar a la otra cama. Mierda. Neida se encontraba de brazos cruzados en su cama, su mirada era completamente contrariada, como si hubiera descubierto un terrible secreto, como si supiera que yo era la asesina de la película de terror. Doble Mierda. —Eso mismo me preguntaba yo, Karol Casper —dijo Neida—, ¿o debo decir Lana Grace? Triple mierda. Tragué saliva pesadamente, Neida lo sabía todo, Fabio de seguro se lo había contado. Negué con la cabeza intentando aparentar no saber de lo que hablaba, mi última arma bajo la manga era fingir demencia. —¿Qué carajos? —dije a Neida y fijé la mirada en Fabio para decir: — Te dije e

