Sentía que algo comenzaba a quemar en mi pecho y mis ojos se llenaron de lágrimas, lo poco que recordaba de mi padre, lo poco que me había quedado cuando tenía ocho años invadió mi mente de recuerdos. Cuando cumplí los cinco años, le pregunté a mi madre por qué yo no tenía papá, ella me contó de una manera poco interesada que algunas niñas nacen con papá y otras no, esa sería la última vez que hablaría de eso. Como si hubiera muerto. Después cuando estaba por cumplir los seis años, mi madre comenzó a llevar a Justin a la casa diciendo que sería nuestro tío, aunque tiempo después que se casaron, dijo que podíamos llamarlo Justin o papá, y agregó algo como: «A partir de hoy, su apellido es Grace». Era muy pequeña para comprender en ese momento que mi padre no nos había dado un apellid

