Capítulo 11

1043 Palabras
- ¿¿Qué ha pasado?? ¿¿Dónde está?? Miró hacía el grupo de amigos que le acompañaban y no lo distinguió entre ellos. Ahí tampoco estaba el Príncipe. Había desaparecido completamente. - ¡Ah! Tiene que haber ido al baño, no aguantaría más el pobre. Ernesto comenzó a bailar para desconectar un poco del bucle en el que estaba entrando con el rollo del Príncipe me gusta-no me gusta. Se dio cuenta que la gente bailaba en la pista a su bola, ajena a la presencia del Príncipe y a todo el séquito de policías y guardaespaldas que llevaba. Decidió bajar a la pista de baile a ver si cazaba algo y se puso al lado de Bruno que bailaba desenfrenadamente. Ernesto quiso llevarle el ritmo pero pronto se dio cuenta que era incapaz de alcanzarle. Ernesto no dejaba de mirar a la planta de arriba donde se encontraba la Sala VIP. La curiosidad le podía. También miraba hacía abajo a la puerta de metal por donde se subía a la sala, que seguía cerrada a cal y canto bajo llave y que seguía vigilada por numerosos policías. - El Príncipe sigue ahí arriba, aún no ha bajado, estoy completamente seguro, masculló entre dientes. De pronto alguien chocó contra Ernesto y le derramó el liquido de una copa encima de toda la ropa. A Ernesto no le dio tiempo a mirar quien había sido porque rápidamente comenzó a limpiarse la bebida de la ropa que empezaba a oler a alcohol: - ¡Oh! ¡Lo sientooooo! ¡Perdóname! Dijo una voz gritona de mujer. Ernesto levantó la cabeza y de pronto la vio con el vaso completamente vacío en la mano. Solo le quedaban los cubitos de hielo. Ahí estaba de nuevo la mariliendres número uno, la indiscutible ¡¡Charlotte!! Y entonces se puso la Charlotte a limpiarle la ropa a Ernesto con las manos y con un kleenex que se había sacado de un diminuto bolso. Ernesto se sonrojó. La gente los miraba. - ¡No te preocupes Charlotte! ¡Ya se secará! le decía él pero ella frotaba y frotaba la camisa cómo si no hubiera ya un mañana. Ernesto le agarró las manos y ella le miró fijamente a los ojos. Parecía cómo poseída. Ernesto observó que los pantalones que llevaba puestos, eran más pequeños de la talla que realmente usaba, llevaba como diez tallas menos. Presentía que le iba a dar ya la chochofobia. - ¡Te perdono Charlotte pero para yaaaa por dios! le pidió Ernesto agarrándola de las manos para detenerla y apunto de arrastrarla. Ella sopló y se le subió el flequillo para arriba. Y cómo si no hubiera pasado nada se puso a bailar, girando y girando sobre sí misma tan feliz. - Está loca, pensó Ernesto. Se acercó a Bruno que seguía dándolo todo. Se creía el rey de la pista. Tres chicos y una chica comenzaron a rodearle mientras elevaban los vasos al aire y le gritaban. Él estaba pletórico de tener fans allí, no lo esperaba. Ernesto se acercó a él y los chicos se apartaron de mala gana. Ernesto le gritó a Bruno cómo si fuera sordo: - ¿¿Pedimos una copa?? Charlotte les miraba desde el borde de la pista con los brazos en jarras. Era muy discreta esta chica... Bruno asintió con la cabeza pero continuó bailando sin moverse de donde estaba. Ernesto entendió el mensaje entre líneas y caminó hasta la barra para pedir él. Miró hacía atrás y comprobó que Charlotte le seguía mirando descaradamente. - ¡Qué mierda de mariliendres me ha tocado a mí esta noche! A esta no me la quito yo en toda la noche de encima porque no va a ligar nada, se va con un cero a su casa. Llegó a la barra que estaba de nuevo llena de gente esperando para pedir. Mientras Ernesto aguardaba su turno, aprovechó para mirar de nuevo hacía arriba a ver si conseguía ver al Príncipe pero seguía sin aparecer, era cómo si se lo hubiera tragado la tierra pero Ernesto estaba seguro que no había salido de allí porque por la puerta de salida aún no había visto a nadie salir y continuaba cerrada. Además, observó que los policías y guardaespaldas continuaban allí formando un cordón para proteger la puerta así cómo si se pudiera derribar tan fácilmente. Se giró en cuanto oyó al camarero preguntarle qué iba a pedir. - Un Red Bull, pidió de nuevo. Tenía pensado ir al día siguiente a la playa y no quería tener resaca. El camarero le puso la bebida. Pagó al camarero y este fue a por el cambio. Ernesto notó unos golpecitos suaves en la espalda. Pensó que sería Bruno. - Hola ¿Me pides a mi también un Red Bull guapo?, dijo Charlotte. ¡j***r qué tía más pesada! Nada que no me la quito esta noche de encima, tiene fijación conmigo. Ernesto le pidió al camarero el Red Bull en cuanto le devolvió su cambio y ella se puso a su lado. - Mi amigo se llama Ángel ¿Te lo puedo presentar? ¿Eres de aquí de Madrid? ¿Cuántos años tienes? ¿Tienes novio? ¿Me das tu número de teléfono? A Ernesto no le daba tiempo a contestar a tanta pregunta, parecía que la Charlotte llevaba en la boca cuatro lenguas. No dejaba de interrogarle. Solo le faltaba sacar un micrófono y una grabadora. Ernesto miraba por encima de ella hacía la Sala VIP. El grupo de amigos del Príncipe se había reducido. Solo quedaban tres, el resto también había desaparecido cómo el Príncipe. Se estaban echando las bebidas que acababa de servirles un camarero. Comenzaron a brindar. - ¡Ah pillín! ¿Estás cotilleando al Príncipe verdad? ¡Te he pillado! A Charlotte se le salían los ojos por haber sido ella capaz de haber hecho semejante descubrimiento. Ernesto se limitó a beber y la ignoró mirando para el lado. Ella continuó hablando. - No es la primera vez que viene aquí el Príncipe ¿sabes? Todos los años viene a la inauguración de la temporada, cómo hoy. Ernesto se giró hacía ella y comenzó a prestarle atención. Charlotte estaba encantada... ✨✨✨✨
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