Ernesto y Daniel comenzaron a empujar el coche calle arriba. Sudaban como cerdos. Llegaron a la gasolinera extasiados. Les faltaba la respiración. - Prestarme diez euros y ya os lo devolveré, les pidió Charlotte. Le dieron el dinero y cuando ya había echado gasolina al coche, ella se dirigió de nuevo a ellos. - Estoy pensando que será mejor que vayamos andando hasta el after, me vendrá bien esta gasolina para pasar los próximos días, tengo mucho viajecito esta semana y estoy sin blanca. Y la gasolina está carísima cómo todo. Comenzaron los cuatro a andar por el andén de la carretera. Los coches les pitaban y Charlotte les gritaba insultándoles hasta quedarse sin voz. - ¡No entiendo porque me dicen tanto piropo de verdad! No puede ser una ni guapa ya. Ellos no podían creer sus pal

