El Rey pidió con el bastón que guardaran silencio: - Dejen por favor de comer palomitas, pipas, kikos, frutos secos... o no me escucharán bien. Al fondo se oyó un eructo. - Puede comenzar ya, es el pistoletazo de salida, dijo Mili, la librera. El Rey empezó de nuevo a carraspear sin parar. La gente se retorcía en las sillas del asco que le estaba produciendo los ruidos que emitía. Se tiró un pedo: - ¡Cochinooooooooooooooo! ¡Cerdooooooooooooooooo!¡Vaya mierda de Rey y nunca mejor dicho! ¡Ve al wáter! - Les pido disculpas se me ha escapado, ha sido sin querer. - Pues menos mal que ha sido sin querer, si llega a ser queriendo revienta la ciudad, gritó otro. El Rey Constantino ajustó el micrófono y empezó a hablar: - Les doy la bienvenida a mi conferencia y quiero agradecerles est

