Lo cotidiano de vivir

1453 Palabras

Silvia abrió los ojos lentamente. Por un momento, no supo dónde estaba, quizá era la sensación de estar aun adormilada lo que la mareaba un poco. La penumbra de la habitación, el aroma tenue a madera envejecida y la vibración lejana del silencio de pueblo le dieron la respuesta: su habitación de la infancia. El techo de madera roja y las paredes eran las mismas, pero Silvia sentía que no estaba en un lugar conocido. Se sentía fuera del lugar. Incomoda de alguna forma. No recordaba como fue que se quedó dormida y tampoco recordaba como se acomodó en la cama, miró a su lado y notó el libro que estaba leyendo a un costado, en la mesa de noche. Miró a un lado y en el sofá cerca de la ventana estaba colgada la chaqueta de Azazel. Silvia bajó las escaleras descalza, aún envuelta en la bruma

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