El susurro en la obsidiana

686 Palabras

El aire olía a ceniza antigua. Silvia despertó en la oscuridad, envuelta en un silencio tan espeso que parecía tener cuerpo. La habitación no era la suya. La cama bajo su espalda tenía sábanas negras, pesadas como terciopelo mojado, y la única fuente de luz era un candelabro en el rincón, que no parecía tener fuego, sino un resplandor profundo como si quemara desde adentro. Se incorporó despacio. En la habitación no había ventanas, solo un espejo de cuerpo entero. Ella se miró y sintió una punzada extraña en el pecho. Por un momento, su reflejo parecía otro. Una sombra que la seguía un segundo después de moverse. —Azazel… —susurró, sin saber si lo llamaba por nombre, consuelo o advertencia. Se puso de pie. Sus piernas flaqueaban como si el sueño hubiese drenado su fuerza. No recordaba

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