El 31 de diciembre la casa estaba alegre y colorida. La nieve parecía más brillante y solo se oían risas. Algo hay en el ambiente cuando se va a cambiar de año. Se esperan nuevas oportunidades, nuevos comienzos, nuevos ciclos, nuevas alegrías. A pesar del ambiente festivo, Rubén estaba nervioso. Durante todo el día intentó hablar a solas con Amanda, pero siempre interrumpía alguien. En la noche, se prepararon para la cena. Todos se pusieron sus mejores ropas. Amanda se colocó un vestido celeste, que le llegaba sobre las rodillas. Tenía una chaquetita azul y el pelo suelto le caía ondulado por los hombros. La casa era acogedora, así que no tenía frío. Cuando entró al comedor, Rubén la miró extasiado. Esa noche se veía especialmente guapa. Cenaron una deliciosa comida que preparó la madre
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