Amanda abrió la puerta y los tres chicos entraron.
—Mi cama es bastante grande y además trae un colchón abajo. Los tres podrán dormir cómodamente —les dijo Amanda indicándoles la puerta de su habitación.
—¿Y qué hay de ti? —preguntó Cheeto.
—Dormiré aquí en el sillón, no se preocupen, es cómodo —respondió ella sonriendo.
—¿E'tás segura, chilenita? —insistió Mangel.
—Que sí, chicos, no se preocupen. Miren, de verdad es grande y suave y cómodo —insistió ella sentándose en el sofá.
Mangel, Cheeto y Rubius asintieron con la cabeza y fueron a acostarse de inmediato. Se notaba que estaban cansados. Amanda se quedó despierta y miró por el ventanal hacia afuera. Parecía mentira que estos tres chicos estuviesen durmiendo en su cama. Salió al balcón y se apoyó en él mirando las luces de la ciudad. Casi no había autos y no pasaba ni un alma por las calles. Era como una hora mágica. Madrid era preciosa de madrugada.
Mientras se maravillaba con el espectáculo que le ofrecia el exterior, alguien la abrazó por los hombros desde atrás.
—¿Te había dijo que eres muy guapa?
Era Rubén.
—Sí, un par de veces —respondió Amanda sin darse vuelta.
—También eres una persona muy linda y amable... Pero que gay sonó eso —lo último Rubén lo dijo más para sí mismo que para Amanda.
La chica se volteó y miró fijamente a Rubén.
—¿Amable? ¿Por qué dices eso?
—Porque nos dejas dormir en tu cama mientras tú te quedas en el sofá, incluso con la herida que tienes en la pierna, que seguro aún te duele. Y ni siquiera nos conoces tanto. Por eso lo digo.
Amanda se sonrojó un poco y sonrió.
—Ya no me duele tanto, la verdad. Y eso de que el sillón es cómodo es en serio. No me molesta que ustedes se queden aquí.
Rubén sonrió y le tomó suavemente la cara con las manos y acercó sus labios a los de ella.
—Tienes las manos muy suaves —susurró Amanda cerrando los ojos.
—Eso me dicen todas.
Y cuando Rubén terminó de decir esta frase, se dio cuenta que la había cagado medio a medio. Amanda abrió los ojos de golpe y lo miró seria, se alejó de él y fue a sentarse al sofá.
—Lo siento, no quise decir eso —dijo Rubén sentándose junto a ella —es que es una frase que siempre digo con Mahe y no sé, se me salió, no quería...
—Rubén, ya basta —lo interrumpió Amanda secamente, aunque después dulcificó su voz —No importa, Rubius. De verdad, da lo mismo lo que hagas. Está bien.
Rubén la miró sin saber qué decir.
—Mira —continuó Amanda —yo sé que tú vas de flor en flor porque no da dolor, pero yo no soy así. No quiero ser una más de tus conquistas... Y menos ahora, porque perderíamos nuestra amistad y de verdad que no quiero eso. Me caes muy bien, lo paso genial contigo y los chicos y no quiero que el ambiente se vuelva raro entre nosotros.
Amanda tomó las manos de Rubén y lo miró a los ojos. La tenue luz que se colaba por la ventana hacía que se viera especialmente guapa.
—Creo que nos dejamos llevar por el momento. No debe pasar de nuevo, ¿bueno? —dijo Amanda y Rubén asintió con la cabeza como un niño pequeño aprendiendo un lección... Por primera vez, desde que se convirtió en youtuber famoso, una chica lo prefería de amigo que de amante. Era un sentimiento extraño.
—Pero... ¿Puedo acompañarte esta noche? Para que no duermas sola aquí. Solo como amigos, ya sabes. No pasa nada.
Amanda miró a Rubén con suspicacia, pero él le puso su mejor cara de cachorro inocente para convencerla. La chica sonrió, asintió con la cabeza y se apoyó en el pecho de Rubén. Él se acostó en el sofá y Amanda se acomodó junto a él.
Todo estaba aclarado. Ella no sería una conquista más de él. Aunque con el poco tiempo que llevaba conociéndolo de verdad, cada día le gustaba más, y de una forma real. En el fondo, Amanda deseaba que algo ocurriera entre ellos (quizás hasta ser novios), pero sabía que el youtuber no tenía esos planes con ella ni con nadie. Pero mejor así. Se ahorraba el sufrimiento y un futuro corazón roto.
Mejor ser amigos y nada más, aunque le doliera un poco, pero al menos así podían estar cerca y no lastimarse.