—Querida Kalinda… sabes que no podemos hablar sobre eso —interrumpió Aaron, nervioso. La tarde se había oscurecido por las nubes, como si el cielo mismo presagiara un peligro inminente. Él había regresado de una misión con Cyrus; y no esperaba volver a verlos antes de dos días. —¿Ocurrió algo? —pregunté ansiosa, mientras un escalofrío recorría mi espalda. —El señor Cyrus… ahora es raro llamarlo así debido a su apariencia tan joven; en fin. Él dijo que algo iba mal. Debemos mejorar la defensa de la isla. La escuela y todos los que están aquí corren peligro. —¿Cómo sabe eso? —preguntó Kalinda, inquieta. —El señor del destino se encontró con él —respondió Aaron, la preocupación evidente en su mirada perdida. El nombre resonó en mi mente como un eco ominoso. —¿El señor del destino? —Aa

