El hospital estaba sumido en un silencio frío y aséptico. Los pasillos estaban iluminados por luces blancas y el olor a desinfectante flotaba en el aire. Morgana yacía en una cama dentro de una habitación, su cuerpo vendado y marcado por los golpes producto del incendio. Las llamas habían devorado su querido local y si no hubiese sido por Patrick, casi se llevan consigo su vida también. Mientras se encontraba en recuperación, Vicky, había llegado al hospital para visitarla. La joven entró con pasos silenciosos a la habitación, llevando consigo un ramo de flores frescas de las que sabía que le gustaban a quien quería como una segunda mamá. Sus ojos estaban llenos de preocupación y amor mientras observaba a Morgana postrada en la cama. Acarició suavemente su mano y susurró con ternura: — M

