El señor de Rênal, ante la inminencia del sacrificio pecuniario, estaba más desesperado que su mujer. Y ella, después de aquella conversación, estaba en la misma situación de un hombre cabal que, cansado de la vida, toma una dosis de estramonio; no actúa ya sino como movido por un resorte, por así decirlo, y nada le interesa ya. Así fue como Luis XIV agonizante dijo: Cuando era rey. ¡Expresión admirable! Al día siguiente, muy temprano, el señor de Rênal recibió una carta anónima. Estaba escrita en el estilo más insultante. Las palabras más groseras que se le pudieran aplicar a la posición en que estaba aparecían en todas las líneas. Era obra de algún subalterno envidioso. Aquella carta volvió a traerle a la cabeza la idea de batirse con el señor Valenod. No tardó su arrojo en llegar a pen

