Inseguridades de amor

1213 Palabras
Alexa sabía que tenía que descubrir la verdad por sí misma. No podía seguir confiando ciegamente en Nikolai sin antes saber qué estaba ocurriendo en realidad. Así que, esa misma noche, se dirigió al lugar indicado en el mensaje anónimo. Era un café discreto, lejos del bullicio de la ciudad. Alexa entró con el corazón, latiéndole con fuerza, buscando con la mirada a la persona que le había estado enviando aquellos mensajes inquietantes. No tardó en encontrarlo. Un hombre de traje oscuro, con el rostro parcialmente oculto por la luz tenue del lugar, levantó la mirada en cuanto ella se acercó. —Gracias por venir, Alexa —dijo con voz grave. Ella se sentó frente a él, sintiendo una mezcla de miedo y determinación. —Quiero respuestas —exigió sin rodeos—. ¿Por qué me envías esos mensajes? ¿Qué sabes sobre Nikolai? El hombre suspiró, como si lo que estaba a punto de decirle le costara trabajo. —Sé que confías en él —empezó—. Pero debes saber que Nikolai no es el hombre que crees. Su presencia en Industrias Licoreras Ivanov no es una coincidencia. Está usando la empresa para lavar dinero. Y no es solo eso… está involucrado con una de las organizaciones criminales más peligrosas de Rusia. Alexa sintió que el aire se le atascaba en la garganta. Su mente se negó a aceptar lo que acababa de escuchar. —Eso no puede ser cierto —susurró, pero incluso mientras lo decía, supo que había señales que había ignorado. El hombre apoyó los codos en la mesa y la miró con seriedad. —Pregúntate esto: ¿por qué Nikolai está tan interesado en la empresa? ¿Por qué insiste en estar a tu lado? No es por amor, Alexa. Es porque necesita asegurarse de que nadie interfiera con sus negocios. Su estómago se revolvió. La información que estaba recibiendo era demasiado, y al mismo tiempo, encajaba demasiado bien. Recordó las reuniones privadas de Nikolai, sus respuestas evasivas cuando le preguntaba sobre ciertos aspectos de la empresa, las conexiones misteriosas que parecían rodearlo. —Si todo esto es cierto, ¿por qué nadie lo ha detenido? —preguntó en un intento desesperado de encontrar una grieta en la historia. —Porque es inteligente —respondió el hombre—. Y porque tiene a las personas correctas de su lado. Pero eso podría cambiar si tú decides actuar. Tú tienes el poder de exponerlo. Alexa sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Exponerlo? ¿Realmente podía hacer eso? Durante semanas, había construido algo con Nikolai. O al menos, eso pensaba. ¿Era todo una mentira? —Si sigues con él, te convertirás en su cómplice, quieras o no —continuó el hombre—. Tarde o temprano, se asegurará de que no puedas escapar. No subestimes lo que está en juego. Las palabras del mensaje anterior resonaron en su mente: Este es tu último aviso. De pronto, sintió que no podía respirar. Nikolai no era solo un inversionista ambicioso. Era algo más peligroso. Y ahora, ella estaba atrapada en su red. El hombre se levantó, dejándole un sobre sellado sobre la mesa. —Aquí tienes pruebas. Úsalas sabiamente. —Dicho esto, salió del café, dejándola sola con la verdad. Alexa miró el sobre, con las manos temblorosas. No sabía qué haría con lo que estaba a punto de descubrir. Pero una cosa era segura: su vida, y la de Nikolai, estaban a punto de cambiar para siempre. Mientras que el hombre se marchaba del café, dejándola a ella allí, con el sobre misterioso en las manos y con el corazón queriendo salirse de su pecho, Alexa no sabía qué pensar al respecto. En todo momento, Nikolai se comportaba como si quisiera ser sincero con ella, ella nunca tuvo sospechas de nada sobre él, a pesar de que sí supiera que su padre y la empresa tuvieran problemas frente a verse implicados en asuntos ilegales por culpa de su padre, Alexa no podía creer que Nikolai se hubiera hecho millonario estando involucrado en ese tipo de asuntos, y menos creía esa posiblidad que había de que él estaba a su lado no por amor, sino por interés propio. En parte, Alexa se sentía mal, y no quería admitirlo, pero ella sabía que Sergei tenía mucha razón en desconfiar de él y de la manera tan inesperada y rápida que insistió para acercarse a ellos luego del funeral de su padre. Alexa apretó los labios y deslizó el sobre dentro de su bolso sin abrirlo. No estaba lista. Leer su contenido significaría aceptar que tal vez, solo tal vez, Nikolai no era el hombre en el que había confiado ciegamente. Que todo lo que habían construido juntos podría ser una ilusión cuidadosamente fabricada. Se levantó de la mesa con movimientos rígidos, sintiendo el peso del sobre como si fuera una bomba de tiempo. Su primer instinto fue regresar a casa, encerrarse en su habitación y procesar la información, pero descartó la idea de inmediato. No podía volver allí. No cuando la mansión estaba impregnada de recuerdos de Nikolai. No cuando cada rincón le recordaría la posibilidad de que todo fuese una mentira. Tampoco podía ir a la empresa. No quería ver a Sergei ni a nadie que pudiera notar su estado alterado. Necesitaba un lugar neutral, un espacio donde pudiera pensar sin interrupciones. Sacó su teléfono y pidió un taxi sin un destino fijo en mente. Cuando el vehículo llegó, se metió en el asiento trasero y, tras unos segundos de duda, le indicó al conductor que la llevara a un hotel en el centro de la ciudad. Durante el trayecto, miró por la ventana sin realmente ver nada. La ciudad pasaba en un borrón de luces y sombras mientras su mente se debatía entre el miedo y la incredulidad. No podía ignorar las advertencias del hombre del café, pero tampoco quería aceptar que Nikolai pudiera ser alguien tan peligroso. Cuando llegó al hotel, pagó en efectivo y se registró con un nombre falso. No sabía por qué lo hizo, solo que algo dentro de ella le decía que debía ser precavida. Subió a su habitación, cerró la puerta con seguro y dejó su bolso sobre la cama. Se quitó el abrigo y se quedó de pie, contemplando el sobre sellado con el ceño fruncido. Respiró hondo y se obligó a no mirarlo más. No ahora. Se sirvió un vaso de agua del minibar y se sentó en el borde de la cama, dejando que el silencio de la habitación la envolviera. Sus pensamientos regresaron a Nikolai, a la forma en que la miraba, a las veces que juró que solo quería protegerla. ¿Era todo una farsa? ¿Había algo real en lo que compartían? No podía permitirse derrumbarse. No aún. Lo primero que tenía que hacer era verificar la información. Si realmente Nikolai estaba involucrado en algo ilegal, debía descubrirlo por su cuenta, no basándose en palabras de un desconocido. Y si resultaba ser cierto… tendría que tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre. A veces en la vida, las personas decían cosas por decirlas, y no más buscaban la manera de como dañar a los demás cuando estaban en su mejor punto de felicidad.
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