Cuando bajaron de la montaña rusa, los niños anunciaron que ya tenían hambre, por tanto, Nikolai le dio el dinero suficiente a su sobrino para que invitara a sus amigos a comer unos sandwiches, ellos aceptaron, y con tranquilidad debido a la descarga de adrenalina tan fuerte que los consumió en las atracciones, los tres niños se fueron a comprar su cena y dejaron a Nikolai y a Alexa solos otra vez.
— ¿Tienen planes para mañana? — preguntó Nikolai para cortar el silencio que se había hecho entre ellos.
— No, la verdad no. ¿Por qué? — respondió Alexa con curiosidad, ambos seguían caminando por el parque en dirección a alcanzar a los niños al punto de comida donde hacen los sandwiches.
— Estaba pensando, en que podríamos ir al parque mañana. Llevamos un balón, y pasamos todo el día allá, y hasta podríamos llevarlos a comer pizza al mejor restaurante de la ciudad. Claro, si ellos quieren, y tú quieres venir — comentó Nikolai.
Sin querer, Alexa había olvidado su promesa de no sonreírle a Nikola aquella noche en la cena que tuvieron juntos, pues su propuesta la hizo sonreír inmediatamente y sin pensarlo.
— Sí, me encantaría. Tendré que decirle una pequeña mentira a mi hermano para que me deje llevarme a mis sobrinos todo el día sin decirle que tú irás, pero sí, nos vemos mañana. ¿A qué horas sería?
— ¿Cómo que una mentira a tu hermano para que no sepa que saldrán conmigo? ¿No le caigo bien, cierto? — preguntó Nikolai, sintiéndose un poco ofendido por el comentario de Alexa, aunque no fuera con ella, se sentía ofendido por no ser de agrado para Sergei, desde el primer momento que se conocieron en el restaurante, luego del funeral del señor Ivanov, Sergei demostró que Nikolai no era un hombre digno de pertenecer a sus amistades.
— Lo siento, pero sí. No le caes nada bien a mi hermano, y no quisiera tener problemas con él por decirle que saldremos hasta que sepamos que las cosas pueden cambiar entre nosotros. Ya sabes que no iniciamos de la mejor manera — respondió Alexa con sinceridad.
— Sí, eso lo entiendo, y está bien. Ya tú sabrás como hacerle para que salgamos los cinco mañana — Nikolai sonrió.
Alexa sintió una mezcla de culpa y alivio por la respuesta de Nikolai. Sabía que había sido directa, pero a veces ser sincera era lo mejor, especialmente con alguien tan perspicaz como él. Aunque no quería crear más tensiones, tampoco iba a mentirle a su hermano para que aceptara a Nikolai tan fácilmente. El camino por delante debía ser más tranquilo, sin sobresaltos innecesarios.
— ¿A qué hora te parece bien mañana? — preguntó Alexa, tratando de cambiar el tema para aligerar la conversación.
Nikolai pensó un momento, mirando al horizonte mientras caminaban. Las luces del parque empezaban a brillar con fuerza, dándole un aire casi mágico a la noche.
— ¿A media mañana? Podríamos llegar a la cancha de fútbol alrededor de las 11, y a partir de ahí, ver qué más hacemos. Si todo va bien, podríamos organizar algo para comer a las 3 o 4, cuando ya nos haya dado hambre, si es que los niños no quieren ir a comer pizza. Aunque son niños, ellos siempre van a querer comer pizza. Entonces, ¿Te parece bien la hora? — sugirió con un tono relajado.
Alexa asintió, encantada con la idea. El día de mañana sería diferente. No solo por la compañía de Nikolai, sino porque empezaba a vislumbrar una pequeña chispa de algo que podría cambiar entre ellos.
— Perfecto. A las 11 entonces. No quiero que me regañen mis sobrinos por hacerlos esperar demasiado, y tampoco quiero que se me caigan de sueño antes de llegar al restaurante. — Alexa bromeó, lo que hizo que Nikolai soltara una pequeña risa.
— No te preocupes, a esa hora estaremos listos para una buena jornada. Y si tus sobrinos se quedan dormidos, ¡yo me encargaré de mantenerlos despiertos con algunos trucos! — Nikolai dijo con una sonrisa cómplice, mientras ella lo miraba de reojo.
El silencio volvió por un instante mientras ambos observaban cómo los niños se alejaban, riendo y charlando entre ellos mientras se dirigían hacia el carrito de sandwiches. Los dos adultos continuaron caminando tras ellos, pero la atmósfera se sentía diferente. Ya no era la misma tensión que había estado presente en las primeras horas de la noche, ni la misma incomodidad que Alexa había sentido al principio.
Era como si un pequeño acuerdo no verbal se hubiera establecido entre ellos. Mañana sería un día especial, y quizás, tal vez, la posibilidad de que algo más naciera entre ellos estaba comenzando a gestarse, aunque ninguno de los dos lo dijera en voz alta.
— No puedo evitar preguntarme… — comenzó Alexa mientras seguían caminando, mirando con una sonrisa a los niños que corrían adelante. — ¿Tú también tienes planes secretos para mañana? ¿O será solo un día relajado para todos?
Nikolai la miró, su expresión más seria que antes, pero con una mirada que parecía jugar con la idea de un misterio.
— No lo sé, Alexa. Lo que pase mañana dependerá de nosotros. De lo que queramos hacer, de cómo nos sintamos. Pero, créeme, los planes no siempre salen como uno espera. — respondió él, sin dejar de mirarla de una manera que le hizo sentir un escalofrío ligero, un recordatorio de que Nikolai siempre guardaba algo en su interior.
Alexa sonrió en silencio, sintiendo que la conversación no hacía más que reafirmar lo que pensaba. Mañana podría ser el comienzo de algo más que una simple salida al parque.
— Niños, no vayan a comer mucho, recuerden que tenemos cena con sus padres ahora en la noche en cuanto su madre regrese del trabajo. Lo que será entre 6:30 y 7:00 de la noche. ¿Qué hora es? — dijo Alexa para cuando ella y Nikolai se acercaron a la mesa en donde los niños los esperaban mientras comían.
— Son las 6:10 de la tarde — confirmó Nikolai cuando miró la hora en su reloj de mano.
Alexa abrió los ojos de golpe.
— ¡Demonios! ¡Le avisaré a Sergei que ya vamos saliendo para allá antes de que me mate! — Alexa brincó, y se apuró a coger su celular y alejarse un poco de la mesa donde estaban para hablar con su hermano en llamada.
Sergei contestó.
— Alexa, ¿Vienen en camino? — dijo Sergei cuando contestó la llamada.
Alexa asintió la cabeza como si Sergei la pudiera ver en ese momento.
— Sí, ya vamos a salir del parque, los niños están comiendo algo porque apenas ahora vinieron a tener hambre. Ya sabes como son cuando vienen al parque. No nos tardaremos mucho, ¿Tu esposa ya llegó de trabajar?
— Me dijo que está a 15 minutos de llegar a casa, que había un poco de tráfico pesado en su ruta, pero que igual, este avanzó y ya viene, están de suerte. Llegarán todos al mismo tiempo para que salgamos justo a la hora adecuada para ir a cenar al restaurante, pedí reservación.
— Muy bien, siendo así, apuraré a los niños para que nos vayamos, gracias, hermanito. Nos vemos al rato, adiós.
Alexa colgó la llamada y regresó a la mesa.
— Niños, ¿Terminaron de comer? Acabo de hablar con su padre, su madre ya va de camino a casa, y tiene una reservación en el restaurante donde iremos a comer, así que, lo lamento, pero es hora de despedirnos para irnos — dijo Alexa a los niños.
Los niños habían terminado de comer, y estaban listos para irse.
— Nos vemos después — dijo Josh, chocando los puños con Steven, el sobrino de Nikolai.
— Sí, nos vemos.
Nadie más lo notó además de Alexa, pero Steven e Isabella se miraron con ojos de un sentimiento más profundo que el de una buena amistad que se desarrolló desde hoy.