Capitulo 4.4

1249 Palabras
Mi corazón latía con prisa y aún no lograba aceptar del todo mi destino. Cerré los ojos y pronuncia tartamudeando unas palabras que no quería pero sabía que debía "¿Es… correcto? No había aún muestras de burla en el salón. ¿Me habré salvado del castigo? ¿Habré acertado la respuesta?   Había una luz de esperanza o qué mi cuerpo no dejaba de pensar en huir, por lo que era inevitable mirar hacia la puerta hacia, las ventanas y buscar todo tipo de objetos a mi alrededor como sí quisiera armar un plan, pero en realidad ni siquiera en eso lograba pensar de manera ordenada por más que lo intentaba.   Entonces sin yo ver directamente, el profesor se puso sus manos en la cintura, lo único que percibí fue el sonido de su cinturón desabrochándose y aunque trataba de respirar con normalidad mis ojos ya estaban preparando sus lágrimas y cada vez me costaba más pasar la saliva por el nudo que se me hacía en mi garganta.   —Dele la cara a la clase por favor —dijo el hombre con voz de autoridad. Me giré aún con los ojos cerrados —Mire a sus compañeros y pídales perdón por la falta de respeto que acaba de cometer— añadió.   Abrir los ojos entonces todos sabían cómo se supone que debían verme o cómo sentirse frente a esta situación, y pusieron una expresión de enojo de ira de disgusto —Lo siento —dije con la mirada perdida al suelo —Muestra tus manos —el salón permanecía en tensión. Mis manos estaban sudorosas, así que intenté sacarnos un poco contra mi vestido; sin embargo el nombre me jaló de uno de mis brazos obligándome a mostrar una de mis manos. —Sean 20 si no muestras la otra—afirmó “¿Y si muestra la otra?” Pensé pero simplemente la levanté pensando en no contar los golpes.   ¡Clash! Sonó el primer latigazo tan pronto como levante la sudorosa mano. No pude evitar bajar mis manos tan pronto como sentí el ardor. —Cada que las baje sumaré 5 (golpes se refería), no me haga perder el tiempo. ¡Clash! Sonó el segundo. ¡Clash! En el tercero casi suelto nuevamente un ejemplo de dolor, pero en lugar de eso mordí mi labio para distraer a mi cerebro de dónde provenía el sufrimiento. El señor Bardock aumentaba la intensidad de sus golpes al notar mi resistencia aparente a sus castigos.   No suelo pensar en estas cosas pero en ese momento pensé en alguna divinidad o algún ser que pudiera liberarme de tal injusticia, como lo era una reprimenda desmedida. Con mis ojos cerrados de ella sombras negras que se movían rápido y pensaba en la persona qué me habían salvado el día anterior y estiré mis dos manos como si quisiera alcanzarle.   Fueron en total 25 y no me atreví a preguntar el motivo. Regresé a mi asiento con mis manos llenas de cortadas y mis labios reventados por los dientes que descargaron en ellos el dolor. Por su parte el docente también estaba cansado, se le notaba agotado por el movimiento y su frente demostraba algunas gotas de sudor. En ese momento la evaluación terminó siendo la primera vez que había un solo evaluado.   Las demás personas en el aula pudieron comprender fácilmente que se trataba de una situación de carácter personal pero ninguno hizo nada al respecto. Mis manos habían quedado tan maltratadas que no podía tomar apuntes en las clases y fue difícil explicar acerca de cómo me había provocado las heridas, ya que eso conllevaba hablar sobre los niños y mis escapadas. Al principio no quería revelar mis heridas y soportaba el dolor en casa durante la cena. Después no poder justificar mis pocas ganas de ir a las clases de danza tuve que decirle a Olimpia que había caído sobre un arbusto de espinas del cual jamás di la misma ubicación.   Ya que ni siquiera podía amarrar mis zapatos ni hacer nada bien con mis manos así. Olimpia me ayudó con mis labores durante algunos días y me hizo ir a la institución aun cuando yo no quería asistir. Me cuidó y puso remedios y plantas medicinales en mis manos, haciendo que cicatrizaran más pronto y que no quedaran secuelas tan marcadas.   Después de ese día no volví a huir de la clase señor Bardock hasta el día en que me retiraron al fin del instituto. Tuve uno o dos escapes más en otros horarios y lo hacía de preferencia justo cuando acababan las clases, retrasándome para ir a la academia de danza, salía corriendo hacia el árbol y me quedaba jugando con los niños al pie del río y regalándoles algunas de mis pertenencias, a la espera de quienes se ocultaban en las capuchas pero ni ellos volvieron a aparecer, ni los niños nunca me dieron razón acerca de ellos.   Cuando Olimpia me anuncio la cancelación de mis clases, me dijo que mi comportamiento había roto todos los protocolos del instituto y que estaba suspendida por cerca de 2 meses, y que al parecer mis padres no pensaban enviarme de nuevo. Era una dicha no ir a ese lugar aunque no tendría más chances de ir a las afueras y seguir con mi rutina de expedición.   A la vez fue como un castigo por estar aquí en mi casa. Es una extraña soledad, diferente a la que he sentido en otros lados, no sólo por ausencia de personas, sino también por ausencia de amor. Además parece que ni en casa ni afuera en la ciudad, se hablado algo acerca de mi suspensión y mis castigos. No puedo pensar que simplemente dejen pasar por alto el hecho, aunque tampoco he logrado concretar una idea de qué piensan o esperan los ciudadanos de mí, pero no es raro pensar que su interés por mí no es genuino de corazón.   Ahora siento que esta soledad hace que duela aún más mi encierro y las cosas del pasado. Tampoco he sido capaz de hablar todo esto con Olimpia por vergüenza de mi comportamiento y menos lo hablaría con mi padre debido a sus ocupaciones. Con mi madre... no ella simplemente no podría comprenderlo.   No creo que a nadie le interesen mis divagaciones, aunque de seguro si me hacen falta amigos. La última vez que confié en alguien fue en la academia para señoritas, y eso fue hace más de medio año. Mis compañeras de clase eran amables conmigo y algunas eran mucho más cercanas, sentía que todo iba de maravilla, incluyendo las clases; tenía un buen rendimiento académico, pero en la academia y en la ciudad se presumía que yo gozaba de beneficios por mi posición política y mi padre que siempre creyó que ese lugar no me formaba para ser la futura gobernante, aprovechó para cambiarme a Hoare.   Pronto mis compañeras dejaron de hablarme cuando nos cruzábamos en clases de danza, nunca recibí una visita de nuevo e incluso se filtraron algunos secretos míos por ahí… Tambien fue un lugar severo, en el que recibía golpes con reglas de madera para mejorar la postura, la dicción, la lectura y etc. Estuve muy feliz entonces de salir de ese lugar aunque tuve que estudiar en casa durante medio año para esperar el inicio de año escolar.  En alguna medida consideré que podría ser mejor una academia de varones por ese hecho… y hasta creí que podría hacer uno o dos amigos.
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