Capitulo 3.2

1071 Palabras
No dudé en girar mi cabeza en dirección a donde había visto las figuras cruzar, pero solo hallé la mirada de los pequeños, quienes estaban serios esperando alguna respuesta de mi parte, dándome cuenta que ellos también tenían derecho a estar llenos de dudas tanto como yo lo estaba por ellos.   —Hay muchas cosas que las personas no saben apreciar, puede ser algo peculiar apreciarlas, pero no es anormal— los chicos se mantuvieron en silencio mientras una brisa tibia sacudía la copa del árbol y golpeaba mis mejillas. Y a pesar de sentirme algo incomoda teniendo tantos espectadores de esta manera, además de sentirme asechada por algo que no podía ver, cerré mis ojos y algo estresada empecé a fingir que no me molestaba la situación.   De repente empecé a disfrutar la vista y la sensación del lugar en el que estaba, por lo que al ver mi aparente tranquilidad los niños se miraron entre ellos y de a poco se juntaron para murmullar algunas cosas que yo no alcanzaba a oír, lo que rompía mi intento de calma. “Sí, sí, lo juro” alcancé a percibir. Entrecerraba inútilmente mis ojos y fruncía mi señor tratando de agudizar mi audición, hasta que los niños se abrieron en semi círculo nuevamente en torno a mí.   –Lili cree que eres tan bonita como una princesa—. Me asombró bastante la conclusión a la que llegaron en su breve reunión, por lo que no pude evitar abrir mis ojos y extender mis cejas y frente hacia arriba en completo contraste con mi expresión anterior. —Eli piensa que ya te ha visto en otra parte y June piensa que debemos liberarte— añadió el chico.   Como ya he mencionado, la mayoría eran niñas; sin embargo, el vocero era un chico de unos 10 años, al cual las demás dejaban La voz de Mando sin reparos. Mi expresión seguro permaneció igual por un rato más. El silencio dejaba oír con claridad y la fuerza con la que corría el río Mizú. A lo lejos se empezaron a oír voces así como se asomaron figuras alargadas y negras a la distancia que cada vez tomaban más forma humana. Pronto empezaron a gritar "¡señorita Bisset!" De manera repetida. Aunque desde el principio supe que estaba en problemas, no me angustie en verdad sino hasta que escuché el tono de enojo con el que se acercaban y con el cual los pequeños empezaron a intimidarse. Pronto el pequeño líder le indicó a sus aparentemente subordinadas compañeras para ponerse en guardia con sus armas artesanales. Los tres hombres que venían en mi búsqueda corriendo, se detuvieron unos metros antes de llegar hasta la sombra del árbol en el que me encontraba, pensé yo, para analizar mejor la situación, pero fue sin duda mi error pensar así.    Los hombres soltaron grandes carcajadas al ver la estatura y estrategia de mis captores. Tampoco sé a ciencia cierta si esos hombres comprenden al menos un poco la situación en la que me encontraba, pero sin dudarlo empezaron a penetrar en aquella línea de pequeños guerreros que al mirar a los hombres en frente suyo apuntaron firme sus armas pero no sin miedo.   — Ya estuvo bien de juegos pequeñas ratas, necesitamos de vuelta su almuerzo. Frente a ello no pude hacer más que una póker-face. ¿Almuerzo? ¿En serio? El pequeño líder enfureció. —No queremos más intrusos, ¡Fuera! Mi docente se rio —Sabemos que esta zona es un nido de ratas pero mi intención no es exterminarlas, solo vengo por su majestad… (Dijo mi nombre). —Nosotros nunca hemos entrado a su mugroso instituto ¿por qué ustedes nos invaden? —Nosotros nunca hemos raptado algún conejillo de indias para hacerle la autopsia como si lo harán ustedes con (Dijo mi nombre nuevamente). —Ustedes la enviaron no, pretendan que vienen en son de paz.   Menuda discusión estaba yo presenciando. Aunque no tenía mi boca vendada sí parecía sellada por qué no lograba poner en palabras lo atónita que me hallaba; es decir, ¿por qué? De pronto el pequeño líder escupió a los pies de mi profesor quién de inmediato reaccionó cacheteándole. Mi boca se liberó de su sello gritando “¡NOO!” Fue entonces cuando todos los niños abrieron fuego en contra de los hombres disparando sus frutillas desde tal cercanía que lograban impactar seriamente a sus blancos.   Mientras tanto yo estaba moviendo mi cuerpo como gusano tratando de liberarme desesperadamente de las a******s de los niños. Había estado tranquila durante todo ese rato sin imaginar que el amarre había sido realizado con tan buen resultado, además de ignorar que algo así podría ocurrir.   Pronto los hombres vestidos de traje dejaron de cubrirse con sus manos ante los ataques y pasaron a una posición ofensiva. Tomaron a los niños por la fuerza de cualquier extremidad y los lanzaban hacia un lado. Los pequeños volaban por los aires como semillas que se han soplado de un diente de león; sin embargo, pronto se levantaban para continuar con la lucha pateando, mordiendo y golpeando las caderas y piernas de los intrusos.   Mi cuerpo cansado de retorcerse a la vez que asfixiado por la presión contra el tronco, empezaba a entumirse desde las piernas y hacia mi cadera. Mis ojos se sentían aguados a punto de llorar por las escenas violentas que estaba presenciando, pero no podía cerrarlos y dejar de mirar. Sin poder entender muy bien lo que ocurría, tomé un respiro y grité “¡BASTA!” lo que solo provocó que los hombres recordaran mi presencia allí y en lugar de detenerse, agudizaran la golpiza como queriéndome torturar.   Sin detener el martirio, uno de los hombres apresó a una niña tomándola de la mano y la giró hacia un lado lanzándola y provocándole un aparente esguince. Después se dirigió hacia mí y empezó a desatarme desde un costado sin mediar palabra por lo que giré mi cabeza hacia el lado opuesto y continuaba revolcándome como queriendo liberarme antes que él lo hiciera; sin embargo, mirando hacia el lado opuesto de donde los hombres habían llegado, alcancé lo que parecían ser algunas personas con capuchas, probablemente originarias de Ariza.   “¿Acaso esas no habían sido las figuras que había estado viendo desde que había llegado a orillas del rio?” Pensé mientras entrecerraba mis ojos para enfocar mejor.
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