Aiden Cuando Mía sale de la habitación de su padre, se nota mucho más relajada y hasta sonriente. Ha dejado de llorar y sus bonitas pupilas celestes, otra vez están brillando como solían hacerlo. Me acerco a ella y coloco mis manos sobre sus hombros, lo que hace que ella ponga sus manos sobre las mías de inmediato. —¿Todo bien? —interrogo al mirarla. Un lento suspiro brota de sus labios mientras asiente con la cabeza. —Sí, gracias al cielo está bien. Solo tendrá que cuidarse más y todo en su vida seguirá normal. Le sonrió y la abrazo, para luego depositar un pequeño beso en la coronilla de su cabeza. Verla relajada, provocaba que aquella angustia que apretaba en mi pecho, desapareciera. Odiaría que algo malo le hubiese ocurrido a su padre, pues, lo último que quería, era verla

