La crueldad de un hombre no se mide por su fuerza si no por sus acciones, Albert era un hombre sin aparente fuerza y con un desgaste físico muy marcado , pero eso no le impedía ser un desgraciado. —Son unos imbéciles —. Gritó furioso —, no pudieron hacer solo una cosa bien, ese maldito sigue con vida y ustedes dos par de estúpidos aquí disculpándose como si eso fuera a solucionar su maldita incompetencia. Los hombres encargados en acabar con la vida de Carlos, se mantenían de rodillas frente a Albert quien caminaba de un lado a otro con el rostro colerizado. A su lado otros hombres más quienes les apuntaban en la cabeza, los hombres temblaban de miedo sabiendo que su destino ya estaba marcado. —Llévenselos de mi vista, ya saben lo que tienen que hacer. —Jefe por favor ,denos otra o

