Nuestros juegos y escapadas no pasan inadvertidos, y es Marcela, la gerente de recursos humanos, quien primero parece detectar algo fuera de lugar. La noto observándome en las reuniones, entrecerrando los ojos con un gesto inquisitivo. Y no tarda en buscar el momento oportuno para abordarme. —Daniela, ¿tienes un minuto? —pregunta, interceptándome en la cafetería. Siento cómo el estómago se me contrae. Trato de sonar despreocupada. —Claro, Marcela, ¿en qué puedo ayudarte? Ella ladea la cabeza, evaluándome de un modo que me hace sentir transparente. Luego, en voz baja, me pregunta: —¿Hay algo que debería saber sobre tu relación con el jefe? La pregunta es directa, tan directa que pierdo el aliento por un segundo. Me esfuerzo en aparentar calma. —¿Con Magnus? No, claro que no, solo… so

