Aquí seguimos Tom y yo, mirándonos fijamente; él más bien me está devorando con la mirada.
Hay tensión, demasiada diría yo, intento separarme un poco ya que estoy muy incómoda y nerviosa, pero él lo único que hace es atraerme más hacía su pecho fuertemente. Ahora sí que estamos pegados, muy pegados, incluso puedo notar su... haciéndose cada vez más y más grande por debajo de sus pantalones.
—¡Ahh, apártate de mí, pervertido! —exclamo.
Él comienza a reírse.
—¿Lo notas, Evans? —dice muy cerca de mi boca—. Pues no te creas que es por ti, necia. —Se separa de inmediato y comienza a andar hacia otro armario—. Karen es la única que me provoca esto.
Se señala su paquete, está bastante abultado la verdad, no sé muy bien dónde mirar, ya que también está sin camiseta, pero rápidamente se pone una, cosa que me mosquea un poco.
Abre otro armario y saca ¡una botella de cristal con un ave dentro!
—¿Como tienes ahí guardado eso? ¡Lo has robado de la clase!
—No digas estupideces, esta ave es mía, me lo compré hace un tiempo. Vamos, ven aquí.
Me acerco a él, abre la botella y sale un ave imperial precioso, es de color muy oscuro, tiene los hombros blancos, las garras robustas, las alas anchas y largas y la cola rectangular, el pico lo tiene n***o azulado.
Tom se monta en él y hace un gesto para que yo haga lo mismo, acto seguido, echo un paso atrás.
—¿Quieres que me monte contigo ahí? —pregunto algo asustada—. Ni por asomo, no me gustan nada estos bichos voladores.
—Pues te van a tener que gustar si no quieres suspender, además, no te estoy pidiendo que lo lleves tú, solo que te montes detrás de mí.
—¿Para qué? —pregunto asustada y con miedo, no tengo buena experiencia con las aves y no me gustan un pelo, menos aun cuando está Tom con ellas.
—¿Te sale natural ser así de burra o tienes que actuar? —Le fulmino con la mirada y él se pone serio—. No puedes salir de nuestra sala por la puerta, te tengo que sacar de aquí antes de que vengan mis compañeros de habitación, la única solución es esta. —Trago saliva nerviosa—. Y no pongas esa cara, mucho estoy haciendo yo ya por ti, niña, debería de sacarte ahí fuera para que te vean todos y te expulsen del instituto.
—¿Y por qué no lo haces? —Él solo me mantiene la mirada fija y fría—. Te da miedo que me pueda chivar de que todos aquí hacéis eso de colarse en las otras salas ¿verdad?
—Te voy a responder con toda sinceridad, a mí eso me da igual, no te creería ningún profesor, ni nadie, eres la nueva. Todo el instituto diría que eso es mentira y se te echarían como lobos hambrientos, solo saldrías tú perjudicada y expulsada. —Quito la sonrisa de la cara y me pongo seria—. Yo sinceramente no te creería a ti si fuera un profesor.
—¿Entonces, por qué me estas ayudando? —pregunto perpleja por sus palabras—. ¿No será que te está gustando estar conmigo Tom? —Me acerco un poco a él, carraspea la voz algo nervioso.
—No digas tonterías, lo que acabas de decir no te lo crees ni tú, simplemente quiero superarme a mí mismo, y quiero demostrar a todos los profesores de este instituto que puedo seguir siendo el número uno en todo a pesar de que tenga que hacer de tutor contigo, por eso estoy tan pendiente de ti, solo quiero que apruebes para que comprueben que soy el mejor mago que ha tenido este instituto en su historia.
—Yo no dudo que seas un gran mago Tom, pero también tengo claro que hay gente muy inteligente en esta escuela, los del hogar del hielo mismo, son los más inteligentes. —Me mira serio—. No me lo puedes negar.
—Ninguno más inteligente que yo, eso te lo puedo asegurar, si no dime tú, ¿por qué me han elegido a mí para que te enseñe todo lo que no has aprendido en cinco años? —Levanta las cejas—. Milagros no puedo hacer tampoco, como no pongas de tu parte y sigas así de vaga, no haremos nada.
—Perdona, ¿cómo que vaga? —Estoy bastante cabreada ahora mismo por sus palabras—. Estoy haciendo todo lo que me dices y estoy atendiendo en todas las clases, bastante estoy haciendo y soportando, perdona que te diga —pongo mis manos en la cintura.
—Pues súbete al ave de una maldita vez, que como llegue alguno de mis compañeros estás perdida, Valentina.
—¡Blake, porque has cerrado con llave, abre la puerta!
Nos miramos rápidamente, abro los ojos como platos muy nerviosa, ahora sí que estoy perdida.
—¡Súbete y vete, corre! —dice, bajando de su ave preocupado y bastante nervioso.
—¡¿Te has vuelto loco?, no puedo ni mantener el equilibrio en este bicho ni un minuto, como voy a...! —tapa mi boca con su mano.
—¡Cállate, estúpida, te van a escuchar!
—¡Blake!
—¡Ya voy! —responde con su tono frío y seco de siempre.
Comienzo a morderme las uñas muy nerviosa, Tom me mira serio y pensativo, guarda al ave de nuevo en la botella, coge mi brazo fuertemente, me atrae hacia él, vamos hasta una cama y me mete en ella con las sábanas tapándome hasta la cabeza, acto seguido, él se quita su camiseta y sus pantalones, quedándose en ropa interior. Yo me tapo enseguida los ojos y pongo mi cabeza sobre la almohada.
—No hables, no te muevas, ni siquiera respires, o estás muerta. —Abre la puerta—. Alan, Cristian, estoy ocupado, iros.
—Vaya, vaya, Blake, estás hecho todo un mujeriego, ¿otra vez Karen? O quizá Amber —exclama Alan, intentando mirar, pero Tom pone sus dos manos sobre la puerta, impidiendo el paso y la vista.
—Vamos Tom, no nos puedes tener aquí toda la noche.
—Es casi la hora de la cena, ¿por qué no vais a dar una vuelta por ahí mientras yo me ocupo de lo mío?
—Tenemos que entrar a coger una cosa, ¿me dejas? —exclama Cristian con tono burlón.
Cristian y Alan entran en la habitación, mientras que Tom se acerca a la cama donde estoy yo escondida, solo me puedo ver abultada, tendida en la cama, ya que estoy tapada hasta la cabeza. Noto como Tom se sienta en la cama y pone sus brazos hacia atrás, cogiéndome con sus manos fuertemente, como si me fuera a escapar o algo parecido.
—Ya tienes lo que quieres ¿no?, ahora marchaos de aquí de una maldita vez los dos.
—Baja esos humos Blake, ya nos vamos —responde Alan malhumorado.
—Seguro que está con una del hogar de la tierra o una del agua —los dos comienzan a reírse.
—Sabéis de sobra que en la vida estaría con una del hogar del agua y mucho menos con una insignificante tierra, odio esos dos hogares —responde Tom frío como el hielo.
—Últimamente estas mucho con la nueva del hogar de la tierra que acaba de entrar.
—No me hables de esa chica, la odio a muerte, ojalá la expulsen pronto, no se merece ni pisar un pie en este instituto. —Menciona ahora Cristian. Tom para mi sorpresa no dice nada, se queda callado.
—¿Tú qué opinas de ella, Blake? Nunca nos has sacado el tema ni has dicho nada de ella, me parece extrañamente sospechoso, ya que el Blake que yo conozco la odiaría tanto que no podría ni verla a kilómetros.
—¿Y qué queréis que haga si me ha tocado ser el tutor de esa necia? —responde tranquilamente.
—¿No será que te está gustando la nueva?
Abro los ojos como platos al escuchar eso. Tom comienza a reírse.
—Ni tú mismo puedes creer lo que acabas de decir, ¿estáis en vuestro juicio? Cómo me va a gustar, o simplemente atraer esa mocosa tan insignificante, ni siquiera la veo como una mujer, es simplemente una estúpida que no sabe ni qué hacer con su vida, debería de estar con el resto de los humanos normales en su mundo y no aquí, incordiando en nuestro mundo. Me da asco, no sé cómo ha podido entrar a nuestro curso directamente sin antes haber cursado los anteriores cursos. —Me entran escalofríos por todo el cuerpo cuando dice eso con tanto odio en su voz—. Sabéis perfectamente lo que pienso de ella, no digáis más chorradas por favor, no quiero vomitar.
Tanto Alan como Cristian comienzan a reírse.
—Ese es el Tom Blake que yo conozco. En fin, dile a la chica que no pasa nada si le vemos la cara, no le vamos a comer —comenta Alan bastante fuerte para que lo pueda oír—. De eso ya te encargas tú, amigo.
—Te esperamos fuera Tom.
—De acuerdo.
Cierran la puerta, Tom se levanta y cierra la puerta con llave. Yo no me atrevo a quitarme las sábanas de la cara, estoy enfadada; pensar que piensan así de mí solo porque he entrado directamente con los de mi edad.
No debería de importarme ni debería de sentirme así de mal porque piense así, pero no puedo remediarlo, me afecta y mucho que piense así de mí, como si no valiera nada. Yo no tengo la culpa de que el instituto no pudiera localizarme cuando cumplí los doce años.
—Ya puedes salir de la cama, Evans.
Me destapo de inmediato y me incorporo de la cama muy molesta.
—¿Me puedes sacar de esta habitación por favor?, no quiero pasar ni un segundo más aquí.
—Como quieras, yo que tú me peinaría un poco el cabello, lo tienes hecho un verdadero desastre.
—Pues si no te gusta, no mires, idiota —exclamo muy enfadada, tanto que cojo la botella de cristal, la abro y me monto en el ave sin pensarlo dos veces—. ¡¿Me vas a sacar de aquí o no?!
Le miro desafiante y él me mira con una media sonrisa dibujada en su rostro.
—No debería de haberte molestado nuestra conversación, ya sabes lo que pensamos todos los de mi hogar de que te hayan metido en nuestro curso directamente Evans, deberías de empezar a acostumbrarte a comentarios así.
—¿Quieres saber lo que pienso yo de vosotros, Blake? ¡Sois todos una pandilla de energúmenos sin cerebro, sin educación, prepotentes y sobre todo muy maleducados e insoportables; sois muy malas personas, no deberíais de hablar así de esa forma tan cruel y con tanto odio de nadie, y mucho menos de mí; yo no tengo la culpa de no haber podido cursar todos los cursos anteriores, yo no sabía ni que existía este mundo! ¡Pienso que el hogar del fuego es la peor casa que tienen y tendrá siempre este instituto! —bajo del ave, ya que me da miedo que por estar así me caiga o me pase algo.
Me he pasado, me he pasado bastante, pero me he quedado más a gusto que nadie, se lo tiene bien merecido.
—¿Eres consciente de que ahora mismo te tengo en mis manos Evans?
—¿A qué te refieres? —pregunto muy enfadada.
—Uno: estás en un hogar que no es el tuyo, perfectamente puedo hacer que te expulsen del instituto en menos que canta un gallo. Dos: soy tu tutor personal, no te conviene para nada hablarme con ese tono de voz, te puede ir verdaderamente mal, no sabes cuánto. Tres: tú a mí no me conoces, no sabes como soy ni como actúo, así que por tu bien no vuelvas a hablarme así nunca más.
—¡Pues tu tampoco te metas conmigo, no te creas mejor que yo, porque eso no es así!
—Súbete en el ave, ya.
—Por supuesto que me voy a subir, pero para irme de este lugar ya, me están entrando picores de estar en esta habitación.
Me monto detrás de Tom rápidamente, estoy muy enfadada con él, y con el resto de los del fuego; no puedo creer que piensen así de mí. Sabía que no les caía bien, pero sin llegar a este punto de despreciarme tanto.
No quiero ni tocar a Tom, me sujeto al ave como puedo, pero cuando el ave comienza a moverse me cojo rápidamente a Tom sin pensarlo. Me da mucho miedo caerme y no me importa tragarme el orgullo en estos momentos, la verdad.
—Como me cojas así de fuerte me voy a asfixiar, Valentina —comenta riéndose.
—¡Ni me hables ahora mismo!
Coge velocidad y salimos por la ventana. Yo comienzo a chillar, pongo mi cabeza pegada a su espalda, con mis ojos cerrados y mis brazos rodeados y sujetos a su cintura; esto es peor que montarse en una montaña rusa de la feria. En unos pocos segundos ya puedo notar el suelo con los pies, abro los ojos y me encuentro con unos preciosos ojos verdes hipnotizadores mirándome con una sonrisa de diversión para acompañarlos.
—Cuando quieras me puedes soltar, tómate tu tiempo, no tengo ninguna prisa.
Separo mis manos de su cuerpo rápidamente algo nerviosa y bajo del ave. Todo me da vueltas.
Me siento en el verde suelo, estamos en la pista del instituto.
—Eres una exagerada. —Comienza a reírse y toca mi cabeza—. ¿Estás bien?
Yo solo levanto la mirada para volver a encontrarme con sus ojos verdes.
—¿Valentina, estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás con él?
Aparece Alfred corriendo hacia nosotros. Nos está mirando a Tom y a mí con cara de póker y sin entender nada.
—No ha pasado nada, Alfred, Tom solo me está enseñando a montar en ave porque antes en clase apenas he podido aprender nada, ¿verdad, Tom? —le miro sonriente, pero él solo mira a Alfred serio y con cara de pocos amigos.
—Ya... os he visto salir por la ventana de una de las habitaciones del hogar del fuego —confianza.
Abro los ojos como platos e intento disimular mi expresión facial, Tom sonríe de oreja a oreja triunfante y me mira.
—Yo me marcho de aquí, tengo muchas cosas importantes que hacer antes que estar perdiendo el tiempo con vosotros, apáñatelas tu solita Evans, a ver qué te inventas para que te crea —dicho esto, se marcha,
Yo solo me quedo mirando como se aleja con cara de circunstancia.
—¿Y bien? ¿Me vas a dar una explicación lógica ahora o tienes que pensar antes qué vas a decirme? —Alfred me mira con sus brazos cruzados.
No me queda otro remedio que contarle todo lo sucedido, total todos en el instituto lo saben, obviamente ahorrándome los detalles de todo lo sucedido en la habitación de Tom.
—Pues nada, ya has aprendido la lección: no entrar nunca más en el hogar del fuego. Al hogar del agua puedes entrar sin problema, ya que ahí no te dirán nada seguramente, pero vamos, yo que tú a la del fuego no volvía a poner un pie en mi vida.
—Tranquilo, ya he aprendido la lección, con Estelle me llevo genial, pero yo ahí no vuelvo, he pasado uno de los peores momentos de mi vida.
—A mí lo que me da miedo es lo que estará tramando hacer Blake. —Le miro desconcertada—. Vamos Valentina, está tramando algo sin duda, ese hombre nunca ayuda a nadie, y mucho menos sin conseguir algo a cambio, por eso te está ayudando con las clases, porque recibe algo a cambio.
—Ya lo sé, pero bueno, a mí con tal de que me deje tranquila y no me moleste, que haga lo que quiera.
—Yo que tú, tendría cuatros ojos cuando estés con él, no te puedes fiar del demonio. —Sonrío ante su comentario, él, por el contrario, está muy serio—. Bueno me tengo que ir a cambiar antes de cenar, luego nos vemos en la cena preciosa.
Guiña un ojo y se marcha corriendo.
La cena transcurre con normalidad, y así los siguientes días. Para mi suerte, voy entendiendo poco a poco las clases y más teniendo a Tom explicándome detenidamente cada cosa.
Tengo que admitirlo, explica muy bien, aunque en algunos momentos se le vaya la paciencia conmigo y sea un bloque de hielo frío, a pesar de eso, es un lince en todas las asignaturas y no me puedo quejar, gracias a él creo que voy a sacar el curso adelante.
Por supuesto si no contamos mi infierno...
—Valentina, llevas más de un mes y medio y no has conseguido ni siquiera dar una vuelta a la pista con el ave, esto no puede seguir así, se va acercando diciembre y con ello el examen, así no sacarás ni un aprobado raspado, tienes que esforzarte más, como lo estás haciendo en las otras clases.
—Doy gracias de que sepa mantener el equilibrio en este animal, profesora.
—¡Señorita Evans ha de poner más interés y poner más esfuerzo en esta asignatura! Tom, por favor, ayúdela.
—Por supuesto profesora, pero si ella no pone de su parte, yo tampoco puedo hacer milagros.
—A ponerse las pilas, Valentina —regaña la profesora.
Cuando la profesora se marcha, Tom coge mi brazo bruscamente para que le mire.
—¡Pero, qué te pasa Evans, ¿por qué le tienes tanto odio a esta asignatura?! ¡Si es la mejor de todas, vas al revés del mundo!
—¡No entiendes que no tengo equilibrio, no me gusta esta clase!
—¡No se trata que te guste o no, tienes que hacerlo y punto, venga súbete al ave, no tenemos todo el día!
Hago lo que me dice de morros. Pega un silbido y salgo escopeteada de ahí. Yo solo chillo y me sujeto bien al cuello del ave para no caerme.
—Valentina, abre los ojos si no quieres morir me advierte.
Los abro de golpe y me encuentro con Tom a mi lado, montado en su ave.
—Ahora tienes que mandar a tu ave, vamos hazlo —me explica.
Hago lo que me dice, me da tranquilidad tener a Tom a mi lado, para mi sorpresa, el ave me hace caso (o al menos si miro hacia delante), mala idea mía ha sido mirar hacia abajo, todo mi cuerpo empieza a temblar, pierdo el control, todo se nubla y mi cuerpo se va hacia un lado; lo último que escucho y logro ver es a Tom decir mi nombre, acercándome a mí a una gran velocidad con su ave.
Al despertar, estoy en la enfermería. Me incorporo un poco de la cama y me choco con esos ojos verdes a los que estoy tan acostumbrada ver.
—¡Al fin despiertas Valentina, vaya susto nos has dado, necia! —Tom está muy alterado, pero a la vez se le nota aliviado.
Se levanta de la silla y comienza a tocarse el cabello y a andar de un lado a otro.
—¡Y tú tan tranquila ahora! —la enfermera nos llama la atención, pero ambos hacemos caso omiso.
—¡Pero si yo no quería ni montar en el ave!
—¡Entonces suspende de una vez, pero no te tires del animal, mocosa estúpida!
—¡No me he tirado del ave, imbécil, me he desmayado al ver la altura y la velocidad a la que iba!
—¡Por favor, no discutáis aquí, jovencitos! Veo que estás mejor, tómate esto y te podrás ir —comenta la enfermera enfadada por los gritos que estamos pegando.
Nos miramos con odio y se marcha de la enfermería a buen ritmo.
Al salir, me doy cuenta de que me he comportado como una auténtica estúpida con él. Me ha salvado la vida y ni siquiera se lo he agradecido.
Después de cenar, he estado hablando con mis dos compañeras de habitación, Candy y Jessa. Toda la clase se ha preocupado por lo sucedido en la clase de aves. Me han contado lo que ha pasado después de que casi me mato; Tom fue volando con su ave hacia mí y me salvó de una muerte segura contra el suelo, después me llevó en brazos a la enfermería y ahí se quedó conmigo hasta que yo he despertado.
Se ha preocupado muchísimo por mí y yo ni se lo he agradecido, si no fuera por él, ahora mismo no estaría aquí.
Ya es de noche, no puedo dormir y salgo a dar un paseo, llego a un gran patio que hay en la azotea del instituto, donde se pueden ver todas las estrellas del cielo; este lugar es mágico.
Mi vista se fija en un chico de cabello moreno sentado mirando al cielo.
—¿Tom? ¿Qué haces aquí? Ya es tarde. —Me siento a su lado, él no despega su vista del cielo que está estrellado y despejado—. Tampoco puedes dormir, ¿verdad?
—Obviamente no.
—Tom, gra-gracias por lo de antes.
Me mira y yo me pongo algo nerviosa.
—¿A qué te refieres? —desvío mi mirada de la suya.
—Vamos Tom, por qué va a ser... me has salvado la vida. —Le miro—. Gracias por salvarme la vida. Sin ti, yo ahora no estaría aquí, y perdóname por no habértelo dicho antes, no sé qué...
No puedo decir nada más, ya que siento sus labios contra los míos antes de que pueda terminar la frase. Me coge por la cintura fuertemente con una mano y con la otra coge mi cabeza por detrás para que no pueda moverme ni alejarme de él.
¡Dios mío, me está besando! ¡Tom Blake me está robando mi primer beso!