Me tiene bien sujeta con sus fuertes brazos, está incluso asfixiándome de lo fuerte que está apretando mi cuerpo contra el suyo para que no me mueva y pueda huir, no puedo separarme de él ni un centímetro. —¡Suéltame animal! —no dejo de moverme, pero es en vano, me tiene tan atrapada que apenas puedo hacer gran cosa. —¡Discúlpate por lo que has hecho, Evans! Le miro sin entender, con su cabeza y sus ojos señala sus partes nobles. —Te lo tienes bien merecido, no me pienso disculpar por eso, ¡y suéltame de una maldita vez! —exclamo bastante cabreada y subiendo el tono de voz. —¡No te voy a soltar, para que, para que corras a la casa de ese imbécil a lamerle el culo, ni hablar! —le miro con odio. —¡Qué te importa a ti que vaya a casa de mi amigo! —comienza a reírse. —¿Amigo? No me exp

