Se hundió en la cómoda silla, ahora familiar, y cerró brevemente los ojos. Ahora le tocaba a ella llevar la cuenta de todo, equilibrar todo, dar cuenta de todo, hacer que de alguna manera todo tuviera sentido. Mostrar de alguna manera a todos los que importaban -el gerente del banco, el contador, su padre- que ella podía hacerlo; que con la ayuda de Nick, ella podía manejar una granja productiva. Esperando a que la antigua computadora arrancara, se fue a la cocina en calcetines. Necesitaba cafeína. Si iba a mantener los ojos abiertos el tiempo suficiente para introducir datos de partos y partos, necesitaba ayuda. Ella golpeó la tetera. El Red Bull que esperaba en la nevera era más fácil, pero ella ya había tenido dos de esos hoy y como Nick había demostrado que era un hombre de palabra e

