La Fuerza de Ser Deseada El agua se arremolinaba con lentitud en torno a ellos, como si también escuchara el silencio denso que se extendía entre las respiraciones. Isabella no se movía aún, pero lo sentía. El cuerpo de Viktor bajo el suyo, fuerte, tenso, cálido a pesar del frío que solía habitar en su piel desde su transformación. Él no la apresuraba. No intentaba dominar el momento como tantas veces antes. La miraba. Con esa intensidad que parecía desarmarla y al mismo tiempo vestirla de fuego. Era ella quien tenía el control, y no porque él se lo hubiera concedido de manera mecánica. Lo notaba en la forma en que su cuerpo se quedaba quieto, ofreciéndose sin palabras. En cómo sus manos reposaban abiertas sobre el agua, como esperando que ella decidiera cuándo acercarse. Isabella sin

