CAPÍTULO VEINTIOCHO Estaba sentado en una gran roca, a lo largo de la línea de arboles. Contemplaba la casa atentamente, con paciencia. Supuso que si alguien se paraba en el porche trasero y veía en dirección a él, había una ligera posibilidad de que le divisara. Pero conocía bien sus rutinas. El único momento en el que salían al porche trasero era para su café de la mañana, y cuando asaban algo para la cena. Pero sabía que no habría parrilla esta noche. De hecho, ni siquiera estaban en casa. Habían salido hacía dos horas. Apenas había captado sus voces mientras caminaban al auto, discutiendo si la cena sería de comida tai o mexicana. Desde entonces, había estado esperando. Se había sentado sobre la roca, inmóvil. Estaba anclado allí por la expectativa de lo que sucedería más tarde. Sab

