CAPÍTULO VEINTICINCO Ninguna de las dos consideró la idea de quedarse en un motel en Roanoke. Kate y DeMarco imaginaron que podían turnarse en el volante si la otra se cansaba. De hecho lo hicieron, DeMarco tomó el volante, cuando ya llevaban poco más de la mitad del trayecto, para que Kate pudiera dormitar. Esta se despertó cuando DeMarco le dio golpecitos en el hombro. Abrió sus ojos, advirtiendo de inmediato el dolor en el cuello causado por haber dormido en el asiento de pasajero. —Estás en casa —dijo DeMarco. En efecto, Kate miró por la ventanilla y vio su casa. Miró su reloj y vio que eran las 4:05 de la mañana. —Gracias —dijo Kate—. Ahora, entra. No voy a permitir que conduzcas hasta Washington, o intentes registrarte en un motel a esta hora. —¿Estás segura? —Positivo —dijo K

