Capítulo 1: Insoportable

1430 Palabras
Dereck Hunt  Cuando termino de arreglar mi pajarita, me miro en el espejo una vez más y no me sonrío. Lo que estoy haciendo es por mí, solo por eso. —¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —me pregunta Lorraine, mi hermana—. Sabes que no tienes que casarte con ella. El matrimonio debería ser por amor. —¿Y tú crees que mi madre amaba a mi padre cuando se casó con él? —le respondo, sin dejar de mirarla por el espejo y ella niega—. Y tu madre… No parece el tipo de mujer que ame a su esposo. Lorraine deja escapar una carcajada y me obliga a darme la vuelta para colocar la flor en mi bolsillo. Sus hermosos ojos castaña me miran y me da unos golpecitos en el pecho. —Mi madre no ama a nadie. Solo el dinero le provoca un poquito de amor. Nos miramos unos segundos y ella me abraza con fuerza. Hago esto por ella, lo sabe. Mi padre murió hace seis meses y dejó una cláusula muy específica, en donde nos obliga a casarnos para heredar sus millones. Ninguno está muy entusiasmado por tener que casarse por el cochino dinero que nos paga los lujos, pero cuando Loretta, mi madrastra, quiso obligar a mi hermanita a casarse con un viejo a punto de morir, preferí sacrificarme yo. No compartimos la madre, pero eso no significa que Lorraine y yo no nos amemos. En una de las tantas fiestas a los que debía asistir por mi cargo en la empresa, conocí a una mujer interesante. Es inteligente, tiene experiencia y no oculta que su interés en tener marido es para que la mantenga. Pero es maleable por completo. Y un hombre como yo ama tener el control. Janina Rain es el tipo de mujer liberal, despampanante y socialmente perfecta para ser mi esposa, con la inteligencia justa para hacer lo que yo quiera y para gastar la tarjeta limitada que le corresponde como mi esposa. No me caso por amor, pero al menos la intimidad entre los dos es bastante buena. Es la típica mujer mayor, que bordea los cuarenta años y que sabe cómo hacerle pasar un momento agradable a un hombre. El único detalle con Janina es su hija mayor, Megan. Porque sí, Janina fue madre soltera a los dieciocho años y luego se casó con un empresario del petróleo a quien le dio dos hijos más. Algo que no se le nota para nada con esa caderas de infarto que suelo admirar desde atrás cuando estamos… ya saben. Megan es voluntariosa, rebelde, con una energía insoportable y esas ganas de hablar para opinar de todo. Solo recordarla me descompone, porque es la típica adolescente que sueña a lo grande. Sin embargo, como no tiene padre, es su madre quien suele cumplir todos sus caprichos. Algo que debí incluir en el acuerdo prenupcial. Yo me haré responsable de su educación, le daré las oportunidades que ella cree merecer, pero no como ella lo espera. Llaman a la puerta, salgo de mis pensamientos y Lorraine camina a mi lado. Ella será algo así como mi padrino de bodas, porque no confío en nadie más en el mundo. Los dos hemos pasado por muchas cosas, las peores y las terribles, por lo que estar así de juntos es lo que nos hace sentir seguros. —¿Listo para casarte y tener hijos? —Claro que no, ni sueñes que te daré sobrinos —le digo arrugando la nariz—. Esa fue otra de las razones para buscar una mujer mayor. Menos posibilidades de ser padre, solo pensar en cambiar pañales ya me da asco. —Qué pena, tendrías hijos hermosos con esos ojos que tienes —Lorraine se ríe y nos preparamos para ingresar al salón en donde será la boda. Quinientos invitados, medio millón de dólares derrochado para satisfacer la curiosidad de la prensa, el glamour de Janina y las exigencias de mi madrastra. Como si la cantidad de invitados fuera proporcional a la atadura del matrimonio. «Mientras más invitados, más casado estás», me digo con acidez y respiro hondo. Soy Dereck Hunt, un maldito dios de las finanzas, el empresario más joven de la ciudad, con una fortuna personal para nada despreciable y, después de poner mi firma en esa acta de matrimonio, seré oficialmente el más rico del estado. Caminamos al altar, algunos invitados inclinan la cabeza para saludarme y yo los ignoro a todos. Me pongo en mi lugar, Lorraine se para a mi lado y los dos miramos a la entrada. La música comienza a sonar, las puertas se abren y veo a dos niños entrar. Son los hijos menores de Janina, los mellizos que tuvo con el petrolero y que hoy tienen permiso de su padre para estar aquí, porque es parte del espectáculo. Son agradables, realmente bien portados y eso tiene que ver con su padre, porque debe gastar una fortuna en educación. Y ahí viene ella. Megan camina con un ramo simple, va vestida de rosa pálido, se ve adorable y, hasta diría, inocente. Al menos eso dicen los invitados en un susurro frente a mí. Si tan solo supieran. Esa mocosa es terriblemente odiosa, sus ojos me miran con la burla en ellos, como si supieran algo que yo no. Me acomodo mejor en mi traje y fijo la vista en la novia, o de otra manera, saldré de aquí solo de pensar que tendré que compartir casa con esa chica. Janina entra sola, con un ramo de rosas blancas, su vestido también es blanco y se ve preciosa. Janina es realmente hermosa, eso no lo puedo negar. Pero como amiga con beneficios habría funcionado mejor que como esposa. Al llegar, le tomo la mano para ayudarla a subir al altar, el oficial comienza y yo me concentro en lo que dice. Lorraine me entrega los anillos cuando llega la oportunidad, el oficial nos declara marido y mujer, y yo la beso como se supone que lo haría un esposo enamorado. Loretta debe estar extasiada, considerando que le estoy quitando la fortuna de mi padre con este matrimonio y hará lo que sea para demostrar que es falso. Pero no lo es. Caminamos a la salida, recibiendo una lluvia de pétalos. Ambos sonreímos como idiotas y cuando llegamos al jardín en donde será la recepción, todos se acercan para vernos bailar. —¿Bailarás con mi hija? Ya que no tengo padres ni hermanos… —me pregunta ella cuando vamos por la mitad. —Si no me queda más remedio —le digo con una sonrisa fingida. —No seas así. Megan te admira muchísimo. —Y debería. No cualquiera se ofrece a pagarle toda la universidad. —Algo que te agradezco mucho y me aseguraré de agradecerte cada noche —me dice con coquetería y yo solo sonrío. Si el buen sexo es sinónimo de agradecimiento, puedo decir que Janina es una mujer agradecida. Muy agradecida. Se termina la pieza, Janina se ríe cuando lorraine le ofrece bailar y Megan se para frente a mí. Solo pensar que debo tocarla me da pereza. Y cuando le veo la sonrisa socarrona, se vuelve peor. —Me sorprendiste. Pensé que un estirado como tú sería realmente tieso para bailar —me dice con esa risita que no soporto y hago acopio de todo mi control para no sacarla de aquí. —Ya ves que sé bailar muy bien. —¿Y es lo único que haces bien, además de los negocios? Sus ojos se ríen al igual que ella. Y me doy cuenta de que no me he equivocado con ella. Megan es la típica hija de madre soltera, consentida en todo para suplir la ausencia del padre. —Supongo que ahora sabrás que hago todo bien. —Me imagino. Mamá no es sencilla de convencer, ni siquiera con dinero. La hago girar una última vez, busco con la mirada a mi hermana para bailar con ella, pero antes de que suelte a Megan, ella se levanta de puntillas, me da un beso en la mejilla y me dice con esa sonrisa burlona. —Felicidades, papi —algo se rompe dentro de mí, se me achica el ojo y con los dientes apretados, le digo antes de dejarla ir. —No me digas papi. Ella se ríe, va con Janina y recupero la compostura para bailar con mi hermana. Este matrimonio será durísimo con esa niña encima. Tengo que hacer algo lo antes posible.
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