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1726 Palabras

2006 Con el correr de las semanas, la vida de Mel comenzó a acomodarse lentamente. Al principio pasaba las tardes encerrada en su habitación, creyendo que en algún momento las lágrimas dejarían de salir, pero parecía una tarea casi imposible. Solo dejaba de llorar cuando estaba con su abuelo. No quería sumar más tristeza a la casa que ahora compartían. Sus amigas del colegio la animaban en las mañanas, pero cuando insistían en pasar las tardes juntas, Mel siempre encontraba una excusa para impedirlo. Su nuevo cuarto se había convertido en su refugio. Su abuelo le había comprado varios muebles y artículos de decoración que ella misma había escogido y cada día añadía un detalle que lo hacía un poco más acogedor. El lugar era pequeño, pero la ventana del lateral le brindaba bastante luz

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