2004 Las semanas que se sucedieron al beso fueron insoportables para Melany. No podía dejar de recordar lo que había sentido. Había visitado el local de su abuelo dos veces por semana con la esperanza de que Alejandro volviera antes de lo esperado. Por en contra de todos sus deseos, no sólo no apareció antes, sino que tampoco lo había hecho junto a su abuelo, en las dos últimas oportunidades. Alfredo había hecho mención de unos compromisos que no le habían permitido venir, pero Melany intuía que esa no era la razón. Comenzó a creer que jamás lo volvería a ver, pero cuando lo imaginaba, no se resignaba a darse por vencida. Una aburrida tarde de sábado, en que el local había sido poco concurrido, terminaba de acomodar por quinta vez el cajón de las tuercas por tamaño, cuando se le ocurr

