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846 Palabras

2015 Con el corazón a punto de salirse de su pecho, Mel dejó de encontrar excusas para dilatar la visita a la oficina de Alejandro. Bajó del ascensor y saludó con una cálida sonrisa a Teresa, la secretaria que recordaba de su última visita y esta la invitó a entrar, anunciándole que el señor la esperaba.  Ni bien abrió la puerta lo vio, mucho más hermoso de lo que lo recordaba. Vestía un pantalón azul entallado y una camisa celeste prolijamente planchada. Llevaba el pelo corto y una barba más espesa de lo que recordaba. Pero su sonrisa de lado era lo que más le impedía pretender que ya no le producía nada.  -Buenos días señorita Melany.- la saludó irónico Alejandro, levantándose de su silla para acercarse a ella.  - Buenos días- le respondió Mel sin mirarlo a los ojos.  -¿Estás enojad

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