Un poco de contexto El almuerzo avanzó en calma después de aquel beso delicioso que el señor Cavill me regaló. No estaba segura si él lo sabía a plenitud, pero era algo que a mí me quedaba completamente en claro y me aterraba de solo pensarlo: El dominio que él pretendía imponer sobre mí no radicaba en la autoridad con la que hablara o el carácter fuerte con el que ordenase algo, sino que dé a poco él iba logrando impregnarse en mi ser con esos momentos de intensa cercanía que me dejaban con el alma sedienta y las sienes palpitantes de pasión y deseo. Cuando su fragancia embriagante me inundaba los pulmones y mi piel temblaba por el roce de sus dedos, no había nada más que hacer. Comencé a degustar el exquisito plato de ensalada que a expensas de la exigencia del señor Cavill terminé or

