Mi alma toda quedó obnubilada por ese despilfarro de soberbia y seguridad exhibido en las palabras del señor Cavill. Aquello era algo que me superaba con creces y me hacía sentirme diminuta ante una montaña de tantas inconsistencias ilógicas. De no haber tenido frente a mí a ese hombre con la mirada desbordando seriedad, hubiese dado por creer que aquello no era más que una mala broma. «Sumisión» en ese contexto me sonaba a «esclavitud», algo verdaderamente insólito teniendo en cuenta que estábamos hablando de un contrato legal propuesto por el CEO más importante y millonario de todos. ―Usted está loco ―espeté con desgano. El señor Cavill ni siquiera se inmutó con mi aseveración, su rostro seguía siendo esa máscara de indiferencia y seriedad que le caracterizaba siempre. ―Nada diferent

