El apremio que gobernaba al señor Cavill era inversamente proporcional al temor y la ansiedad que a mí me gobernaba. No tenía idea de cómo iba a terminar todo aquello, y aunque yo había terminado accediendo de mi entera voluntad, ahora comenzaba a preocuparme un poco el rumbo que podía tomar todo aquel asunto. El señor Cavill hablaba de «mis responsabilidades» y eso era algo que me aterraba. Yo estaba dispuesta a ganarme la vida de cualquier forma y sin preocuparme por nada, mi determinación y mis motivaciones eran muy importantes como para detenerme por menudencias, lamentablemente mi formación y educación se había visto truncada desde el accidente y muerte de mis padres, pues en el internado, a pesar de lo que prometían, no nos brindaban más que una educación paupérrima y sin sentido la

