Pierre le dijo tranquilamente el nombre del hotel. Camille mencionó que tenía algo que hacer y que ordenaría algo especial para él. Pierre sonrió al reconocer el ingenio de ella. —Esperaré tu sorpresa —dijo Pierre, anticipando lo que vendría. Camille sonrió, sabiendo que estaba a punto de hacer algo especial. Pierre se sirvió otra copa de vino y se detuvo frente al ventanal, admirando la vista de París por la noche. Las luces de la ciudad brillaban, creando un ambiente mágico y romántico. Unos minutos después, escuchó un suave golpe en la puerta. Pierre abrió y encontró a un m*****o del personal del hotel con una bandeja de fresas cubiertas de chocolate y una nota. —Monsieur, esto es para usted, cortesía de una señora —dijo el empleado, entregando la bandeja. —Merci —respondió Pierre,

