FEDERICO Los huevos chisporrotean en la sartén, la mantequilla se derrite formando charcos dorados en los bordes. Federico se mueve con experta eficiencia, cascando otro huevo, observando cómo la clara se extiende y burbujea. Una tostada sale de la tostadora. La sirve y la añade a las dos porciones ya dispuestas en la pequeña mesa del comedor. Dos platos. Dos vasos de zumo de naranja. Dos tenedores, dos cuchillos. Parece doméstico. Íntimo. Perfecto. Clarissa sigue dormida en su habitación. La revisó hace veinte minutos: estaba acurrucada de lado, con el rostro sereno y una mano bajo la mejilla. Su camisa se había subido un poco, dejando al descubierto la curva de su cadera. Se quedó allí más tiempo del necesario, observando el subir y bajar de su respiración. Luego cerró la puerta y

