La mañana siguiente me había levantado con más ojeras de lo normal, puesto que durante la madrugada no hice más que pensar en las palabras de mi madre. -¿Estas bien?- me preguntó ella, tras sentarme. -Solo un poco cansada- contesté, evitando su mirada. Mamá no dijo nada, se limitó a mirarme mientras bebía el zumo de naranja. Cuando terminé le devolví la mirada. -¿Qué? Los escuché anoche, eso es todo- dije, molesta por aquellos típicos ojos de madre que decían “algo más sucede”. Frunció el ceño. -¿Qué escuchaste? ¿De verdad no sabía de qué hablaba? -Tu pequeña conversación con Troy sobre Edward y yo, nuestros sentimientos- hablé sin rodeos. -Bueno, me preocupa que ambos se gusten -¿Por qué? ¿Cuál es tu problema?- quise saber. -Ashley, estoy casada con su padre. Son hermanastros-

