CAPITULO 1. PILOTO 1.2 (PARTE 1)

4176 Palabras
Querétaro, MÉXICO Actualidad. El sonido de ramas partiéndose, la humedad creando un gran bochorno en mi y logrando que mi pies comience a sudar demasiado. Risas de niños pequeños se escuchan por todos lados, tal pareciera que se divierten con algo. Todo será divertido y sano y para nada tenebroso si no se tratara de escuchar esas voces en medio del bosque y sin compañía, además de que la hora en mi reloj marcan las pasadas 2 de la madrugada hacen que me ponga nerviosa y comience a sentir mis manos sudar. Mi respiración está agitada, he corrido más de una hora, huyendo de susurros desconocidos y que empeoran más mi ansiedad. ¿Por qué diablos estoy aquí? Debería estar en la cama como niña buena, durmiendo para mañana poder despertar temprano e ir a la escuela, no estar en medio del bosque, oculta detrás de un árbol grueso y escuchando risas de niños para nada agradables. — ¿Me repites de nuevo porqué madres estamos aquí y no dormidas, Alán? -pregunto molesta a mi primo, quién se oculta en otro árbol cerca de mí. Lo escucho carcajear, es mayor que yo y tal pareciera que le emociona estar a estas horas despierto. — Entrenamiento de rutina, ya conoces a la tía Magdalena -contesta relajado, descansando su sudorosa cabeza en el tronco del árbol. — ¿En la madrugada? -me quejo. Bufando molesta e imaginando qué estaría soñando ahora mismo si estuviera en mi cama calientita. — Tuvo otro de sus "sueños de predicción" hace poco, y ahora está más estética que una mujer embarazada -me explica. Rodando los ojos y lanzando un suspiro al aire. Abro la boca para volver a quejarme, pero el crujir de una rama cerca nos pone alerta. — Alan -susurro su nombre. El me calla con un ligero shh, de la parte trasera de su pantalón saca una daga afilada. Toma el grueso mango de su arma y tensa la mandíbula. Alan es 3 años mayor que yo, así que está acostumbrado a estos tipos de entrenamientos de la familia. Además de que él empezó a aprender magia mucho antes que los demás tiene más conocimiento en la magia y sobre todo... más práctica. Un gruñido feroz se escucha a nuestras espaldas, es la habitual señal que usa nuestra tía para decirnos que nos defendamos. Salimos de nuestro escondite. Encontrándonos con una de sus bestias de barro y ramas, midiendo más de 3 metros de altura. Sus ojos iluminados por un fuego interno y en medio de su pecho una piedra con un símbolo de buda tallado en este. Ruge con más fuerza al vernos, dando un paso adelante haciendo que el suelo tiemble un poco. Alan sonríe al escucharlo rugir y con un movimiento de muñeca agita sus dagas y se acerca a este para atacarlo. Sus movimientos son elegantes y feroces, la bestia es enorme y a pesar de eso tal pareciera que es un juguete para él. La bestia da miedo, sin embargo si no la ves desde un punto de vista analítico su cuerpo es muy grande y musculoso, sus pasos son lentos y de vez en cuando tontos. Se podría decir que lo único que tienen de miedo es la cara de piedra que tiene. Alan brinca y se lanza hacia él, acuchillando sus hombros con sus armas y escalando para llegar a su espalda y sacar una de sus navajas de su pantalón. Cuando llega a su joroba saco de mi pantalón una trampa para estás bestias. La arrojó a sus piernas, la cual cuando está en el aire se activa y de esta sale una cuerda gruesa negra con uñas de ambos lados. Rodea sus piernas, enredando las y logrando que tambaleen. — ¿Dónde está? - me grita arriba de la bestia. Observo mejor el cuerpo, visualizando el pequeño muñeco de cera en el pecho de la bestia, justo debajo de la piedra que vi antes. — En su pecho -gritó. Sacando de mi bolso trasero cuchillas para lanzarlas a los brazos de la bestia. — Me lleva la... ¡Scarlett! -grita mi nombre molesto. — Crea lianas -me pide, pero antes de que pueda decirle algo la bestia se mueve y con un paso rompe la atadura de sus pierdas. — ¿Y como madres voy a crear eso? -pregunto. Nunca en la vida había creado magia, solo había hecho unos rituales de sanación y protección pero nada de magia. — Yo qué sé, haz bibidi babidi bu o algo así -dice, sujetándose de la bestia como si estuviera encima de un toro mecánico.— Pero rápido, niña Tenso la mandíbula. Nunca he sido buena en la magia, la última vez que quise usarla terminé encendiendo el pino de navidad y casi nos quedamos sin casa. Además de que cada que quiero crear magia sale lo opuesto a lo que quiero. Me quejo, y aunque se que me voy a arrepentir de esto corro hacia la bestia. Lanzando las navajas a sus manos, escuchándolo gruñir molesto y mirándome con sus ojos rojos como el fuego con rabia. Me acerco a él, cerrando los puños para juntarlos y golpear la tierra con estos para que las lianas aparezcan, pero cuando lo hago nada ocurre. La tierra sigue igual que siempre y mis manos están todas llenas de lodo por la humedad que hay en este bosque. — Madres -maldigo, levantando la mirada encontrándome con la bestia observando aún más molesto. Acercando su cabeza un poco hacia mí y consigo lanzando un rugido lleno de cólera. Tanta es la fuerza de su rugir que el aire que sale de su boca me saca disparando metros de distancia de él, rodando por la tierra y sintiendo como algunas espinas de las ramas que hay en el suelo me lastiman. — ¡Scarlett! -Me llama mi primo preocupado. Finalmente me quedo quieta, tratando de levantarme del suelo levantando la mirada para notar como la bestia se acerca corriendo hacia mí. Alan lo cabalga como si de un caballo se tratara. — ¡Ay no mames! -grita lentamente molesto, estando encima de la bestia. Siento mis manos y piernas temblar, estoy apunto de salir huyendo del lugar sin embargo una extraña luz sale de mis manos. Las observo por unos cortos segundos y sin pensarlo pongo las manos en el suelo y le rezo al cielo para que está vez funcione. Comienzo a sentir la tierra temblar bajo mi y al parecer no soy la única. Los árboles se mueven de lado a lado como si un fuerte aire los sacudiera, la bestia se queda quieta y comienza a observar su alrededor como si no comprendiera lo que ocurre. Escucho a mi primo lanzar una palabrota y con una de las cajas que había usado para mantener el equilibrio encima del monstruo de barro lo saca y me lo tira. — Dale en el pecho, ¡ahora! -me grita. Sin dudarlo me levanto del suelo, tomando en el aire la navaja para dar una vuelta y luego lanzarlo a su pecho. La navaja conecta con el muñeco perfectamente. Alan hace un conjuro en francés y una luz de la navaja aparece. El temblor del suelo comienza a hacerse mayor haciendo que tanto él como yo perdamos en equilibrio y terminemos en el suelo. — Ay no... -digo con miedo. Sabiendo que una vez más la he regado. Una enorme grieta comienza a formarse debajo de mis manos en dirección del monstruo, siendo iluminado por una luz roja como el fuego. La bestia se queja al sentir la magia de la navaja de Alan en su pecho, está tan concentrado en eso que no se ha dado cuenta de lo que sucede bajo sus pies. La enorme grieta finalmente llega hasta él, abriéndose más y más, dejando ver un tipo de lava y fuego salir de debajo de la tierra. Doy un paso atrás, al sentir como se mi lugar la grieta también se comienza abrir. — No... no,no,no,no,no,no,no -repito, tratando de pararme como puedo del suelo. Aquella lava comienza a salir del suelo y otra vez escucho a Alan maldecir. — ¿Es una puta broma, Scarlett? -me pregunta molesto. Rodeando a la bestia y a su vez a la grieta. El monstruo lo ve correr y sin pensarlo lo sigue, pero a donde vaya la grieta también va tras él. — Me dijiste que hiciera magia -me defiendo. — Te dije lianas no el fin del mundo -grita molesto. Pronto me doy cuenta el fuego que desprende de la grieta comienza a salir y a quemar todo el alrededor. Ay no, aquí vamos de nuevo... — ¡Me lleva! -me maldigo por la estupidez que acabo de hacer. Comenzando a correr hacia mí primo. Cuando estoy por acercarme a Alan para ayudarlo una fuente de agua choca con mi cuerpo y con el de la bestia, apagando el fuego que se había creado y de paso mojándonos a mi primo y a mí. Dejo de sentir el agua chocar con mi cuerpo y encontrándome con Alan arriba de un árbol. — ¿Qué chingados? -pregunto molesta, sintiendo mi cabello húmedo en mi rostro. — Cuida tu vocabulario, Sacar -una voz ronca y sería me pone nerviosa y a la vez temer por mi vida. Me quitó el cabello de la cara, encontrándome con Juan Pablo. Mi hermano mayor apuntando con su mano a nuestra dirección y apagando el fuego que había comenzado a crearse. Quiero quejarme, pero un gemido de cansancio de parte de Alan me interrumpe. — ¡Ay, eres tú! Juan chilla en el suelo empapado de agua y cubierto del barro de la bestia. Había bajado del árbol pero resbaló y ahora está todo lleno de lodo. — ¡Gracias a Dios! creí que iba a morir -dice exagerando su tono de voz preocupado y lanzándome una mirada amenazante. Bufo y ruedo los ojos para luego cruzarse de brazos. — Perdón... -digo sin mirarlo. Una vez más lo escucho suspirar de alivio y noto como se acerca a Juan corriendo para abrazarlo de las piernas. — No me vuelvas a dejar con ella, ¡casi me mata! -añade, haciendo más drama que en una telenovela. — ¡Argh, no exageres! -decimos al unísono mi hermano y yo. — ¡Es cierto! -chilla como una niña. Vuelvo a bufar, acercándome al cuerpo de la bestia, el cual parece más un batido de chocolate para tomar la piedra guía y el muñeco vudú y romperlo. — Ya quedó, destruido al muñeco -digo, tirando al suelo los pedazos del vudú y sacudiendo mis manos al sentirlas pegajosas. — ¡Si, lo hicimos! -grita Alan cambiando su estado de ánimo con rapidez. Juan le da una patada para que esté lo suelte y se comience acercar a mí. — Lo hizo ella, tu solo corriste como niña asustada -me defiende. Sonrío victoriosa, él molesto me saca la lengua como un niño chiflado pequeño. — Si, porque ella casi crea el volcán Popocatépetl debajo de mí -se defiende levantándose del suelo. — No era para ti, era para la bestia.- Trato de defenderme, sin embargo sólo consigo una mirada amenazante de parte de mi hermano. — ¿Tú hiciste eso? -pregunta arrugando su frente y observandome con curiosidad y sin creer lo que acaba de escuchar. Me encojo de hombros y asiento cabizbaja. — ...Si -digo en un susurro. Un corto momento de silencio se forma entre los tres, comenzando a incomodarme y crear tensión. Aunque no lo veo estoy casi segura que está por estallar con maldiciones y preguntas sobre el porqué hice eso. — ¿Qué hiciste? -pregunta al fin, gritando molesto y logrando asustarme un poco. Doy un pequeño brinco en mi lugar al escucharlo tan molesto y miro a otro lado que no sea la tierra bajo mis pies. — ¡Con un demonio, Scarlett! creí que el que hizo todo eso fue él -añade, señalando con el dedo a mi primo quién se está limpiando su ropa sucia. — ¡Epale! -se defiende, pero antes de que pueda agregar otra cosa mi hermano vuelve hablar. — Yo... — ¿Qué pasaría si algún humano nos llega a ver? ¡o peor! Que el gobierno se entere -pregunta exagerado. Aunque lo entiendo un poco, nunca hemos querido que alguien más además de nuestra familia o quienes nacen con el don de la magia se entere. — El gobierno está más ocupado en otras cosas que en nosotros -me defiendo o bueno eso intento. Pero sólo logró aumentar más la ira de Juan. — ¡Ah, qué canción! -se queja, pasándose las manos por su rostro cansado. -- Por si no lo saben en los últimos meses se han estado perdiendo muchos bosques y no solo por la deforestación -añade un poco más calmado. Mirándome con los brazos en forma de jarra. — ¿A qué te refieres? -pregunto sin entender de qué habla. Durante mucho tiempo nos hemos mantenido escondidos y el único "daño" que hemos hecho es en las prácticas en este bosque y eso se debe a qué nuestra familia tiene una gran cantidad de terreno aquí. Está todo cercado y protegido por runas para que la magia que hacemos no se expanda a otras partes. Es por eso que ahora que escucho que otros bosques se han incendiado y que la razón no sea la deforestación o el cambio climático me preocupa. Nos preocupa a todos. Eso significa que el gobierno buscaría la razón del porque sucede eso y a los primeros a quienes mirarían sería a nosotros. Aunque no dudo, solo una pequeña parte del gobierno sabe de nosotros y hemos pasado desapercibidos por mucho tiempo que es casi imposible que alguno de los nuestros haga un daño a la tierra o a los humanos. — Me refiero a que esto se lo tendrás que explicar a la tía Magdalena y a Eleazar -dice, comenzando a caminar hacia la casa. — ¿Qué? ¡No! -chillo. Lo último que quiero es tener un regaño de parte de ellos dos. Se que nos enseñaron todo sobre la magia y las primeras pero son demasiados extractos y solo hace falta que hagas un pequeño error para comerte vivo. — Juan, por favor. Sabes que no les agrado para nada y contarles sobre esto no se verá muy bonito en mi historial -le digo siguiéndolo. — Ella tiene razón, además a mí también me comerán vivo -me ayuda Alan, quién también ha seguido a Juan. Mi hermano solo sigue caminando y no dice nada. — ¡Juan, por fa! -chillo. A punto de ponerme de rodillas para pedirle ayuda. — No, Scar. -contesta serio— Por mucho tiempo te he ayudado y tapado tus errores, es hora de que te hagas responsable -añade enojado. Si, está molesto. Muy molesto. — ¡Argh! -me quejo, dejando caer mis hombros y sin poder creer que voy a tener que enfrentarme a esos dos. Solo espero que no haya visto todo lo que hicimos Alan y yo, si no ambos estamos muertos. — Solo espero que no se entere... — ALAN Y SCARLETT, VENGAN AHORA -La voz de Eleazar se escucha a nuestras espaldas. Pasando en medio de nosotros un cuervo enorme hacia la dirección de la casa. Me lleva. Aquí vamos de nuevo. ************* — Alquimia, oscuridad, luz, botánica, ¡Todas se vuelven un peligro en tus manos! -me reclama Eleazar tirando en el escritorio de la tía Magdalena una pila de papeles y legados. -- Y lo peor de todo, ¡Casi incendias medio bosque! -añade con voz alta, alterando mis sentidos y logrando que de un pequeño brinco en mi lugar. — Fue sin querer... -me defiendo, mirando a otra parte que no seas sus enormes ojos negros que me miran como si quisieran matarme. — Lo mismo dijiste hace tres años y casi pierden tus papás su casa -añade aún molesto. — No solo yo soy la culpable de eso, ¡Alan también estaba ahí! -añade molesta al recordar el accidente de hace años. Aún tengo en mi cabeza grabada la mirada de miedo de mi abuela y primas. Por ese accidente terminé con una cicatriz en mi espalda. — Luego iré con él, ahora el asunto es contigo -contestó echando humo por las orejas y con las mejillas enrojecidas del enojo. Me recuesto más en el asiento y lanzó un suspiro sintiendo mis piernas y párpados pesados. — Creo que es suficiente, Eleazar -lo interrumpe la tía Magdalena. El deja de mirarme por unos cortos segundos para luego observar a su hermana. — Pero, Magda... -trata de defenderse pero una vez más ella lo calla. — Dije que es suficiente, vete por favor -añade molesta y seria. Tal parece que lo que dijo Alan antes tenía razón. Se ve cansada y ojerosa, tal pareciera que no ha dormido desde hace días y no es necesario hablar tanto con ella para darse cuenta de que no está de buen humor. Elezar solo asiente a regañadientes, saliendo de la oficina de la tía para cerrar la puerta detrás de él. Finalmente nos quedamos Alan, Juan, la tía Magdalena y yo a solas. Y aunque se que hay suficiente gente en este lugar con la sola presencia de la Tía hace que la tensión no tarde en aparecer. Me da escalofríos solo verla tan seria y molesta detrás de este escritorio observándonos como si estuviera eligiendo a quien cazar primero. — Te lo preguntaré una sola vez, Alan -llama la atención de mi primo quién está a mi lado. — ¿Qué pasó ahí? Noto a mi primo alterarse un poco al escuchar su nombre salir de la boca de nuestra tía. Se incorpora y algo miedoso comienza a hablar. — Hicimos lo que nos pidieron -dice cabizbajo y jugueteando con sus manos en su regazo.— Corrimos hacia el fondo del bosque cuando escuchamos las campanillas, luego esperamos a que las risas de los espíritus se fueran y atacamos a las bestias que creó -añade sin levantar la mirada de sus manos. — No digas lo del fuego, no digas lo del fuego -repito en susurros bajos. Demasiado bajos para que solo yo pueda escucharme. Cierro los ojos con fuerza, pidiéndole al cielo que no le pregunté a Alan sobre el fuego y que casi sale herido por mi culpa. — Escuché que creaste una grieta en el suelo y que de ahí salió fuego, Scarlett -añade, captando mi atención por completo y obligándome a mirarla. Dibujó una sonrisa forzada en mi rostro, mordiéndome la parte interna de mis mejillas y maldiciendo mi nombre por lo que hice hace rato. — ¿Qué intentabas hacer? -pregunta sin cambiar su tono de voz. — Ella quiso ayudar... — A ti no te pregunté, Juan -lo interrumpe. Logrando que mi hermano se calle en seco. Los ojos de la tía regresan a mí, esperando con ansias una respuesta sobre lo que quise hacer. — Quise crear unas lianas - digo con timidez. — Además él me dijo que hiciera bibidi babidi bu -añado en un intento de defenderme pero que parece más el tirarle la culpa a mi primo. — Te dije "bibidi babidi bu" ¡no kaboom! -contestó defendiéndose de mi acusación mientras se revuelca en su lugar. — ¡Alto los dos! -grita la tía, golpeando el escritorio con las palmas de sus manos y mirándonos con cólera. Alan y yo nos callamos enseguida, sin reprochar o querer "corregir" nuestros actos. — Scarlett -pronuncia mi nombre como si le costará decirlo. Captando de nuevo mi atención y sintiéndome incómoda con su mirada puesta en mí. — Quizás Juan ya te lo comento, pero en los últimos meses han ocurrido incidentes en bosques cercanos a nuestros aliados, colegas... y a nosotros -añade en un tono un poco más tranquilo. Asiento, recordando lo que hace minutos atrás me había dicho mi hermano. — Eso se ha convertido en un peligro, tanto para nosotros como para los humanos -agrega, juntando sus manos para acomodarlas en su regazo. — Los ojos del gobierno se han comenzado a centrar en nosotros y aunque culpamos vagamente a la deforestación han dejado de creer en eso -añade— Nos hemos ocultado por mucho tiempo y si no mal recuerdas una de las reglas que están escritas en libro oculto es que... — Que ningún otro ser que no haya nacido con el don de la magia debe de saber de nuestra existencia -la interrumpo, recordando claramente esa regla. — Que bueno que la recuerdas muy bien -añade con las cejas levantadas. ¿Cómo diablos no voy a conocer esa regla? si me pusieron hacer planas de ella desde los 8 años hasta que entre en la secundaria. Mi pobre mano aún tiembla cuando la recuerdo. — Nadie, absolutamente nadie que no haya nacido con el don de la magia debe de saber de nuestra existencia y el hecho de que hayas creado una enorme grieta que abarca la mitad del bosque y que de esta salió lava y fuego no ayuda mucho -añade, en un tono de voz autoritario y serio. Un escalofrío recorre mi espalda haciéndome retorcer en mi lugar. — Nos ocultamos por una razón y que hayas hecho eso en medio de la noche es como gritarle a nuestros enemigos que aquí estamos -dice apunto de echar humo por las orejas y nariz. — No volverá a pasar -digo con la voz baja. La escucho bufar y estoy casi segura que está por gritar infinitas maldiciones. — Juan, Alan llama a mi primo y hermano. Quienes la miran serios y en espera de que les ordene algo. — Déjenme a solas con ella, por favor -ordena. Mi hermano está por preguntarle algo o más bien pedir que se quede pero es suficiente una mirada amenazante de parte de ella para que se retiren. La puerta se abre y se cierra en cuestión de segundos. Dejándome a solas con ella. Ay, mamita. Si no salgo de aquí viva por favor díganle a mis papás que los quiero mucho. — Scarlett -me llama en un tono de voz sereno y demasiado tranquilo. Se levanta de su asiento y comienza a caminar a pasos lentos y precisos a una biblioteca antigua que está del lado derecho de la oficina. — Eres buena en todos los sentidos, atletismo, rituales sanadores, incluso en la creación de amuletos encantados, sin embargo tú don aún no se ha mostrado -añade, pasando su mano por los estantes como si buscará algún libro en específico. Me incómodo al recordar ese pequeño detalle. — Tu hermano tiene el don de la botánica, utilizando la naturaleza a su favor, Alan tiene el don alquimista y lo utiliza encantando sus navajas y cuchillas, tu madre tiene el don de la noche y tu papá el de la luz, todos tienen uno, pero tú... -agrega, tomando un grueso libro color vino con un extraño símbolo en la portada de color dorado. — No tienes ninguno de los cuatro dones que las primeras nos regalaron -dice, regresando a su asiento y acomodando el libro en medio del escritorio a mi dirección. Mostrándome que el símbolo que hay en medio de la portada es una especie de espiral con relieve de color dorada y en medio una joya tan roja como el rubí está incrustado. Brilla demasiado con un simple reflejo de luz, incluso llegó a sentirme hipnotizada por él. — ¿Por qué crees que eso suceda? -me pregunta, acomodándose en su asiento. ¿Por qué sucede eso? Yo que sé, no se supone que usted es la cabeza de aquí, debería de saberlo. — Tal vez aún no se muestra -titubeo, acariciando mi brazo derecho al sentir como este comienza a arder. — La edad en la que se muestra la magia es de 7 a 12 años como máximo, pero tú no has mostrado ningún tipo de magia, aunque debo de admitir que el fuego que iniciaste hace años puede ser parte de tu don y lo que hiciste hoy -dice ladeando la cabeza— Se ha convertido en un avance, ahora lo usaste como... ataque. -añade lo último como si se diera cuenta de algo importante. Trato de sonreír por el cumplido que me ha dado, pero me trago la sonrisa cuando la puerta se abre, dejando entrar a Sarahi junto con Davis, "los hermanos y primos prodigio" o como nos gusta llamarlos Alan y yo, "los favoritos de la familia". — Tía Magda -la llaman con preocupación. Me giro para verlos mejor y me doy cuenta que su ropa está toda arrugada y sucia y Davis... A la madre, ¡está sangrando!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR