Capítulo 30: Renacer entre las cenizas El amanecer llegó con una calma inusual. El cielo, despejado y teñido de un azul claro, parecía anunciar el fin de una larga tormenta. Frank caminaba hacia la florería con pasos lentos, disfrutando del aire fresco que rozaba su piel como una caricia reparadora. No podía evitar pensar en todo lo que habían vivido en los últimos meses: las pérdidas, las culpas, las revelaciones. Y, sin embargo, allí estaba, sintiendo que dentro de él algo empezaba a cicatrizar, a recomponerse poco a poco. Al abrir la puerta de la florería, lo recibió el tintinear suave de la campanilla. Micaela estaba allí, rodeada de flores recién acomodadas. No llevaba vestidos elegantes ni joyas, pero para Frank era la imagen más perfecta: el delantal manchado, los cabellos sueltos

