Capítulo 39: Luz entre las sombras El pueblo seguía dividido, como si una línea invisible partiera en dos a sus habitantes. Había quienes todavía la miraban con recelo, convencidos de que su regreso no era más que un capricho pasajero, un intento de limpiar culpas. Pero había otros, cada vez más, que comenzaban a descubrir en Micaela algo distinto: una mujer que no había regresado por orgullo ni por apariencia, sino por una convicción que quemaba desde adentro. Su constancia se había vuelto imposible de ignorar. Día tras día, se la veía en la plaza, con las manos llenas de tierra, la ropa manchada y el cabello suelto pegado a la frente por el sudor. No daba órdenes desde afuera: trabajaba a la par, agachándose para plantar, levantando piedras, barriendo escombros. No había tarea demasiad

