Capítulo 26: Raíces de esperanza El sol brillaba con fuerza aquella mañana, como si quisiera bendecir cada rincón del pequeño pueblo que, después de tantas sombras, comenzaba a despertarse con una energía renovada. El aire estaba impregnado de olor a tierra húmeda, todavía fresca por las lluvias de la semana anterior. Las aves revoloteaban entre los árboles, y en el horizonte se podía ver cómo el terreno baldío junto a la plaza empezaba a transformarse. Frank y Micaela estaban allí desde temprano, con las manos llenas de tierra y los rostros iluminados por una mezcla de cansancio y entusiasmo. Las herramientas se apoyaban contra un tronco, y a su alrededor ya se notaba la huella de lo que estaban construyendo. Micaela, de rodillas sobre la tierra, colocaba un pequeño rosal con cuidado,

