Jayden Cuando llegamos a casa el domingo, no he pensado ni un segundo en Molly. No se me ha ocurrido preguntarme si habría quedado algún rastro de ella, si tal vez se habría olvidado de algo... tal vez incluso habría dejado una nota. He estado tan absorbido por los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas que prácticamente me he olvidado de ella. Por eso me sobresalto cuando abro la puerta y me encuentro a Molly esperándome en la cocina. —¡Hola!—, trina desde un taburete en la isla de la cocina, levantando las dos manos y un pie en un saludo exagerado, como si nos alegráramos de verla. Su teléfono y una copa de vino están en la isla frente a ella. —Molly—, digo, atónito. —¿Qué estás haciendo aquí?— Se suponía que mi abogado iba a hacer que la escoltaran fuera. Se me ocurre que

