capitulo 43

1088 Palabras
—Porque tienes una suerte de mierda, nena — dice, divertido. —¿Qué significa eso? — frunzo el ceño. —Hace dos meses, estuviste en Nueva York — viene a ponerse entre mis piernas, sus brazos me enjaulan. —¿Cómo lo sabes? — me confundo, y un nudo horrible se instala en mi estómago al recordar aquel último viaje que hice con Thomas, al cual él tuvo que ir para atender algunos negocios de sus padres y al cual me obligó a acompañarle para que, según él, no pudiera engañarle mientras no estaba. Imbécil. Esos fueron los peores dos días de mi vida. Me tuvo acompañándole en todo momento y mostrándome como si fuera un maldito trofeo a todos los socios de sus asquerosamente ricos padres. Y, para agregarle la cereza al pastel, cuando me cansé de seguirlo a todos lados y se lo dije, nos metió en un callejón y me dio una bofetada. Un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar aquella discusión en la que por primera vez me defendí a mi misma y le respondí el golpe. Al recordar cómo, todo luego de ello fue para peor al dejarle arrodillado en el suelo con sus manos en su ingle y largarme de allí, perdiéndome por las calles de Nueva York sin mi bolso y teléfono. Esa fue una horrible hora intentando encontrar el hotel sin éxito y caminando sin rumbo por las calles casi oscuras de aquella desconocida ciudad. Y no fue hasta que una chica muy amable me prestó su teléfono para buscar la ubicación por internet, que por fin pude volver al estúpido hotel. Estúpido Thomas Lance. —Aquel día yo también estuve en Nueva York, Valerie — su voz seria me devuelve a la realidad. Pero son sus oscuros ojos los que me roban toda la atención —. Solo pasé allí pocas horas, pero fueron suficientes para sentir el maldito cosquilleo y la insoportable ansiedad que siempre me embarga cuando te tengo cerca. La misma que me hizo a ir a buscarte — se relame la boca. —¿Dices que me sentiste? — pregunto, cada vez más sorprendida. —Te sentí. A diez malditos kilómetros podría sentirte — se frustra y toma mi mano para posarla sobre su pecho. La respiración se me agita cuando siento debajo de mi tacto como su corazón martillea con fuerza. Su mirada parece oscurecerse aún más al sentir mis dedos tocándole, y los vellos de su pecho debajo de mi palma se erizan sorprendentemente en el mismo momento en que lo toco, desconcertándome mientras observo aquella parte de su cuerpo con sorpresa. —Cuando puse un pie sobre la frontera de la ciudad, mi estupido corazón, comenzó a latir por primera vez en todos mis quinientos años, Valerie. La frialdad que mi piel poseía al no estar completamente de este lado, se calentó, y mi cuerpo comenzó a hormoguear como cada vez que estoy contigo o pienso en ti — frunce el ceño, como si estuviera recordando algo que no le gusta —. Nunca había sentido nada remotamente parecido antes y supe que se trataba de ti al instante — susurra con ronquedad, quitándome el aliento cuando sus labios me besan la frente tan dulcemente mientras su corazón parece estar cada vez más acelerado debajo de mi palma. Cómo el mío. —Balthazar — mi voz sale temblorosa. —Me sientes — afirma, ronco. Sus oscuros ojos se traban con los míos y todo lo que sentimos se convierte en electricidad a nuestro alrededor. —Te siento — susurro, atorada de tantas cosas. Balthazar se lame el labio inferior mientras me analiza, mi reacción, las vibraciones que su ser le causan a mi cuerpo. Por algún motivo estamos conectados de formas extraordinarias, y eso me asusta tanto como me gusta. Algo que también compartimos, porque lo veo en su mirada dubitativa, en la lucha que parece estar batallando en su interior. —Pude haber ignorado lo que sentí y tan solo haberme marchado de allí, Valerie. Pude haberme largado en cuanto sentí la mínima conexión. Te lo dije, ambos podíamos vivir sin el otro y no había necesidad de juntarnos — susurra con ronquedad, rozando sus labios contra los míos y atravesándome intensamente con su ensombrecida mirada —. Pero aquel día algo cambió irremediablemente dentro de mí gracias a ti, y no me arrepiento en lo absoluto de haber seguido mi instinto e ir en busca de ti — asegura. Mi corazón parece querer abandonar mi cuerpo y salir a correr una maratón cuando la seriedad de su mirada me asegura que lo que dice es completamente en serio. Las ganas de arrojarme a su boca y devorar sus labios se instalan con fuerza en mi interior, y tengo que luchar contra mi instinto de lanzarme a por ello cuando sigue hablando. —Puede que nunca quisiese esto y qué tal vez me arrepienta de juntarnos, pero sentirte de la forma en la que lo estoy haciendo ahora, tocarte y besarte, ver a mi hijo crecer dentro de ti, todo eso compensa por completo el hecho de estar irrevocablemente atado a esto. Tenerte a mi lado recompensa el que pierda mi libertad y que tenga que estar atado a ti para toda la eternidad — se sincera, observándome con con esos ojos plasmados de miles de intenciones, sentimientos y razones. Las lágrimas se cuelan en mis ojos y mis labios forman un pequeño puchero como una tonta. Una pequeña sonrisa divertida surge entre los labios de Balthazar, y acerca sus labios a mi frente y dejando un pequeño beso mientras sus manos acarician mi espalda con ternura. —Si lloras te pondré sobre mis rodillas y te azotare el culo hasta dejarlo rojo — me advierte con diversión, aún rozando sus labios sobre mi frente. Resoplo. —Fue más fuerte que tú, ¿verdad? Mucha cursilería por un día para el gran lord Balthazar — me burlo, hundiendo mi rostro en su pecho y rodeando su cuello con mis brazos. Una corta y ronca risa escapa de sus labios en respuesta, aumentando la humedad entre mis piernas y logrando erizar los vellos de mis brazos en consecuencia a aquella sexy melodía que acaba de salir de sus labios. —No son cursilerías, Valerie, es la verdad — dice contra mi cabello. Sonrio como idiota. ‍‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‌‍
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR