capitulo 49

1271 Palabras
Tres agónicas e interminables semanas. Estoy a tan solo pasos de volver a tener a mi pequeña humana entre mis garras, de volver a sentir su excitante y adictivo olor solo para mi. De tocarla y ver el cricimiento de su vientre en persona. Debe oler diferente. Nuestro hijo debe haber cambiado su esencia. Una pequeña sonrisa de satisfacción y orgullo surca en mis labios mientras me adentro a la casa con sigilo y me acerco hacia la única habitación que irradia luz en la creciente noche. La biblioteca de madre. Ya casi los tengo. El estupido músculo cardiaco debajo de mi pecho se contrae cuando, al estar debajo del humbral de la habitación colmada de libros, vislumbro la pequeña silueta de mi humana, recostada sobre uno de los sofás de cuero mientras parece estar durmiendo profundamente, despatarrada sobre el mueble y con un libro cubriendo su rostro. Te tengo. Ansioso, me acerco hacia ella y me acuclillo frente al sofá sin hacer el más mínimo ruido, intentando no despertarla y cerrando mis ojos brevemente, antes de hacer puños mis manos para evitar tocarla y, en cambio, aspirar con fuerza, embriagándome del dulce olor que nuestro hijo había creado en ella. Delicioso y adictivo. Como toda ella. Sin poder contenerme por más tiempo, retiro suavemente el libro de su rostro y develo sus delicadas y hermosas facciones, logrando quitar mi propia respiración al ver sus rosáceos labios entreabiertos y sus pálidos párpados cerrados con suavidad mientras parece estar en su quinto sueño y no se entera de nada la muy descuidada. MI humana descuidada. Divertido y más ansioso que nunca, por fin subo mi mano a su rostro y trazo la piel de su mejilla con suavidad, antes de comenzar a bajar mis dedos por su cuello, pasando por el valle de sus apetitosos pechos y llegando hasta su vientre cubierto por el más desquiciante y sexy camisón. Mierda, Valerie. Mi polla no tarda en agitarse al reparar en el caliente panorama de mi mujer vistiendo seda negra y totalmente receptiva a mis caricias, lo cual termina por enloquecerme al ver cómo su cuerpo parece estremecerse entre sueños y la piel que toco se erizaba a medida que mis dedos avanzan. Responde tan bien a mi. Al llegar al borde del pequeño camisón, no puedo evitar sucumbir a la tentación y comenzar a subir la tela, descubriendo con lentitud su cremosa piel y dejando a la vista sus bragas también negras y su vientre levemente hinchado. Un ronco gemido logra escapar de mis labios al ver el encaje en la pequeña tela triangular y la casi imperceptible curva que crea en su vientre el crecimiento de mi hijo. Otra vez vuelvo a inhalar con fuerza y el olor de mi humana mezclado con el mío y el de nuestra creación me embarga con fuerza, adentrándose en mi organismo de una manera casi tan letal como lo es una droga. Mi afrodisiaco personal. Eso es lo que esta pequeña humana es para mi. Otro gemido sale desde el fondo de mi garganta, antes de por fin decidirme a inclinarme sobre ella y rozar mi nariz sobre aquella pequeña tela, aspirando con fuerza sobre su sexo cubierto y emborrachándome aún más de su esencia, para luego subir y llevar a cabo la misma acción, pero esta vez sobre su vientre. Mi hijo. —Pater reversus est (Papá ha vuelto) — susurro en latín, sacándole un pequeño jadeo a mi durmiente Valerie cuando, supongo, mis palabras logran hacer mover a nuestro hijo en su interior por primera vez. Es mío. Otra vez vuelvo a bajar y entierro el lóbulo de mi nariz entre sus pliegues cubiertos, inhalando con fuerza y gruñiendo bajo al captar el olor creciente de su excitación. Es mia. Ansioso y con mis manos casi temblando vergonzosamente, llevo mis dedos hacia las finas tiras de las bragas y comienzo a bajar la tela por sus piernas, quitándoselas por los pies y dejando su húmedo y apetitoso sexo descubierto. Cuando por fin tengo la pequeña prenda entre mis manos, vuelvo a inclinarme sobre mi humana y sacó mi lengua con la intension de probar sus adictivos jugos como la primera vez que la he tomado y como tantas veces he deseado durante estas tres semanas. Sin embargo, el maldito vibrar del teléfono dentro de mi pantalón me obliga a parar cuando estoy a punto de tocarla con mi húmedo músculo, sacándome un pequeño gruñido que rápidamente corto cuando veo cómo mi humana comienza a removerse sobre el sofá. Frustrado, vuelvo a alejarme de su sexo y me levanto con sigilo, antes de darle una ultima mirada a mi pequeña y girarme en mi lugar para devolverme por el camino por el que he venido, sacando el maldito aparato electrónico y llevando aun las bragas en mi mano. Cuando estoy lo suficientemente alejado, atiendo la llamada y me llevo la pequeña tela a la nariz, inhalando con fuerza mientras cierro mis ojos y apoyo mi espalda contra la pared del pasillo, disfrutando del exquisito olor que desprende y que pone aun más dura mi polla. Ohh, Valerie. Mi Valerie. —Habla — demando con dureza a la persona del otro lado de la línea, siguiendo aún con la prenda en mi nariz y mis ojos cerrados, inhalando profundamente. —Ragnar D'Alesso ha sido visto en las fronteras — suelta Thalia con seriedad, logrando sacarme un gruñido gutural que termino ahogando contra las bragas de mi mujer. Maldito y puberto demonio pura sangre. —Avisa a Charles D'Alesso que si no mantiene a raya a ese mocoso, me cargaré al estupido niñato y dejaré sus restos donde no pueda encontrarlos — escupo con enojo, antes de cortar la llamada y comenzar a dirigirme hacia la cocina, apretando la pequeña tela negra con fuerza y dando pasos pesados en dirección al despacho escondido detrás de la alacena. 🩷Balthazar [1] Una vez dentro, me dejo caer sobre la silla frente al escritorio y vuelvo a concentrarme en las pequeñas bragas de mi mujer, inhalando con fuerza mientras mi otra mano se ocupa de liberar mi m*****o, el cual cae rígido sobre mi estómago. Necesito calmarme un poco antes de ir con mi humana o terminaré haciéndole daño si me la follo con las ansias contenidas que tengo de ella y la maldita frustración e ira que cargo. Es frágil y yo no soy humano. Con ese pensamiento en mente, no dudo en tomar mi m*****o y comenzar la paja número diez mil en honor a mi mujer embarazada y duermiente a metros de mi. Un gruñido escapa de mis labios cuando logro captar el sonido de un pequeño gemido desde la lejanía, alertándome que mi humana esta despertando y que debo liberarme rápido. No será tan difícil con lo que tengo en mis manos. Hundo mi nariz con más fuerza en la pequeña tela e inhalo profundas y repetidas veces el intenso aroma que desprende, el cual logra calar con profundidad en mi interior, agitando mi polla y logrando hacerme derramar una leve humedad desde la punta de mi m*****o mientras mi mano sigue subiendo y bajando con fiereza sobre mi longitud. El inconfundiblemente olor de su excitación y de la mezcla de mi hijo, mi mujer y mío es mas que suficiente para liberarme, soltando un incontrolable gemido que desborda de mis labios al mismo tiempo en que lo hace mi abundante corrida, manchando el asiento debajo de mi y la palma de mi mano. La próxima vez no terminará en mi mano, lo hará en el estrecho y húmedo hueco de mi Valerie. ________________________________
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