El movimiento me quita del shock y mis ojos se llenan de lágrimas. Derrotada, dejo caer mi cabeza sobre el colchón, y cubro mis ojos con mi brazo para tapar mi rostro y ahogar un sollozo que escapa sin yo poder evitarlo. — Mierda, mierda, mierda — maldigo y miles de pensamientos pasan por mi cabeza. ¿Cómo mantendré a un niño? Seguro va a odiarme. No soy buena con los niños. Me odian. Dios, ¿cómo voy a protegerlo de este mundo de mierda? ¿Y si sale drogadicto? No quiero arruinarle la vida. ¿Cómo se sentirá tener una cosita pequeña en mis brazos? Darle el pecho. Acariciar su pequeña naricita. Un intenso calor se expande en mi pecho al pensarlo, y las lágrimas se vuelven más abundantes. Nunca me plantee ser madre, pero saber que estoy creando a un pequeño niño o niña en mi interior, hace q

