—Tu lo estás haciendo difícil, Valerie, no yo — suelta con frialdad el idiota, sacándome inconscientemente un bufido y generándome unas intensas ganas de patearle el culo. Sin embargo, me contengo y espero pacientemente a que las puertas del ascensor vuelvan a abrirse, lo cual no tardan en hacer y nos dan paso a un corto y angosto pasillo que termina en una enorme sala de estar con un ventanal gigante. Oh, wow. Balthazar es el primero en salir del ascensor y ni siquiera se inmuta por la hermosa y lujosa habitación a la que nos adentramos, dando largos pasos hacia el lado derecho y adentrándose en un enorme umbral que da paso a una cocina de ensueño. Asombrada, me quedo en el final del pasillo y observo a mi derecha, encontrándome con tres enormes sofás de cuero color crema que miran ha

