Él debería estar aquí, conmigo. —¡Troian se acabó todo el pastel de chocolate, Abby! — lloro y mis mejillas se empapan de lágrimas mientras observo el frigorífico, sentada en el suelo y con los brazos cruzados. —¡No puedes comer más chocolate, Valerie! — gritan ambos a coro desde la sala, aumentando mi llanto y obligándoles a dejar de pelearse por el juego al que estábamos jugando hasta que me decidí a venir a buscar algo para saciar el antojo de algo dulce. Últimamente estoy tan sensible como un bebé, lloro cuando tengo hambre y sueño, me enfado por nada y vuelvo a estar sonriente y feliz al segundo siguiente. Mis cambios de humor se vuelven demasiado extremos y eso es algo que tiene a Abby y a Troian preocupados. Sin embargo, el doctor Drexler nos aseguró hace unos días que es totalm

