Está claro que la empatía es algo con lo que Balthazar no nació. —Estamos dentro — dictamina con frialdad Ragnar, luego de unos segundos que parecen eternos —. Pongo a disposición la ayuda del cuarenta por ciento que por ahora dispongo de los integrantes de la secta segunda y de mis hermanos y yo para acabar con esto de una vez por todas — declara. Varios suspiros colectivos se escuchan en la sala y aquellas a palabras parecen ser todo lo que Balthazar necesita escuchar para tomar mi cintura y obligarme a comenzar a cambiar con él hacia la salida de la habitación mientras Ragnar sigue hablando. —Pero tengo peticiones que demandar — exige el susodicho, al cual dejo de escuchar cuando Balthazar me saca por las puertas dobles -seguido por Troian y Aitor- y me deja en el pasillo. Intento r

